Los últimos datos oficiales sobre salarios muestran que, pese a una leve mejora promedio frente a la inflación durante la gestión de Javier Milei, persisten fuertes diferencias entre sectores y dudas sobre una recuperación sostenida del poder de compra.

El salario promedio del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) registró una caída en febrero, en un contexto de alta inflación y ajuste del gasto. De todos modos, si se considera el período acumulado de la gestión de Javier Milei, el nivel general de remuneraciones apenas logra ubicarse levemente por encima de la suba de precios.
Este comportamiento del índice salarial genera un cuadro ambiguo: por un lado, el promedio muestra una tenue defensa del ingreso real; por otro, esa foto general oculta realidades muy dispares entre ramas de actividad, tipos de contrato y niveles de calificación.
Convenios colectivos: pérdida de 7 puntos desde noviembre
Dentro del universo que releva el SIPA, uno de los segmentos más afectados es el de los salarios de convenio, que alcanzan a millones de trabajadores registrados. Desde noviembre de 2023 acumulan una baja real cercana a 7 puntos porcentuales, lo que refleja una marcada erosión del poder adquisitivo.
La explicación central está en el desfasaje entre las paritarias y la dinámica de la inflación. Con fuertes saltos en los precios, muchos acuerdos salariales quedaron desactualizados en pocas semanas, aún cuando incluyeron sumas no remunerativas, bonos por única vez o cláusulas de revisión con cierto atraso.
Ese rezago se siente especialmente en sectores con alta proporción de empleo formal, como la industria, el comercio o los servicios privados, donde la actualización periódica no alcanzó para compensar el shock inflacionario del verano.
Brechas salariales y dudas sobre la recuperación
La combinación de un salario promedio apenas por encima de la inflación y una caída pronunciada en los sueldos de convenio agranda la brecha entre distintos segmentos del mercado laboral. Algunos grupos de trabajadores logran recomponer parte del terreno perdido, mientras otros siguen quedando rezagados.
En este escenario, se instalan dudas sobre la capacidad de los ingresos laborales para convertirse en motor de la recuperación del consumo. Sin una mejora más pareja y sostenida de los salarios, la demanda interna seguirá condicionada y la economía tendrá dificultades para generar un rebote robusto.
Los próximos meses serán clave para ver si las negociaciones paritarias logran acompañar mejor la evolución de los precios y acortar la brecha entre el indicador promedio del SIPA y la realidad cotidiana de los trabajadores bajo convenio.




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