La Justicia provincial condenó a Luciano “Lucho” Gallardo, barra de Newell’s Old Boys vinculado a la banda de Los Monos, por una serie de aprietes y maniobras extorsivas contra la dirigencia del club durante 2024. El fallo lo ubica como pieza clave de una estructura criminal que mezcló negocios ilegales, violencia armada y presión sobre instituciones deportivas.

Gallardo, oriundo de Villa Gobernador Gálvez, acordó una pena de 6 años y 8 meses de prisión por los delitos de extorsión y participación en una asociación ilícita. Según la investigación, actuó bajo las órdenes del recluso Leandro “Pollo” Vinardi y de Sabrina Barrías, ambos con vínculos directos con Ariel “Guille” Cantero, histórico líder de Los Monos.
Las maniobras se concentraron durante la gestión del presidente Ignacio Astore al frente de Newell’s Old Boys. En ese período, la barra encabezada por Gallardo desplegó una serie de exigencias económicas y de poder dentro del club, que incluyeron presiones directas a dirigentes y acciones de amedrentamiento.
Entre los hechos más graves se menciona una balacera contra la casa de una dirigente de la institución, episodio que reforzó la hipótesis de los fiscales sobre el uso sistemático de la violencia armada para marcar territorio y condicionar decisiones internas. Ese ataque fue interpretado como un mensaje mafioso para acelerar concesiones y beneficios para el grupo criminal.
Una red criminal con anclaje en el fútbol
La causa ubicó a Gallardo como engranaje de una estructura que, desde las cárceles y la calle, buscaba controlar espacios de negocios en torno al fútbol: manejo de paravalanchas, venta de entradas, trapitos, puestos informales y la presencia en viajes o partidos claves. Todo, respaldado por el peso territorial de Los Monos en Rosario y en el cordón sur del Gran Rosario.
Los investigadores destacaron que la articulación con Vinardi y Barrías permitió sostener el frente económico y operativo de la organización, aun cuando varios de sus jefes están detenidos. Desde los penales, según la acusación, se definían las líneas de acción y los objetivos de presión sobre instituciones y particulares.
El acuerdo de juicio abreviado que selló la condena de 6 años y 8 meses evitó un debate oral extenso, pero dejó asentado el reconocimiento de los delitos por parte del acusado. Para la Justicia, el caso vuelve a exponer cómo las barras bravas se convierten en brazos operativos de bandas narcocriminales, aprovechando la masividad del fútbol y la vulnerabilidad institucional de los clubes.
La dirigencia de Newell’s Old Boys atravesó, durante 2024, un escenario de extrema tensión por la combinación de intereses deportivos, económicos y presiones externas. La condena a Gallardo representa un capítulo más en la disputa por el control del negocio vinculado a la tribuna y a los recursos que genera el club.
Impacto en la política de seguridad y en los clubes
El fallo se suma a otros procesos judiciales que buscan desarticular la influencia de Los Monos en Rosario y en localidades vecinas como Villa Gobernador Gálvez. Para las autoridades judiciales y políticas, avanzar sobre estas tramas es clave para reducir los márgenes de maniobra de las organizaciones que combinan narcotráfico, extorsión y violencia armada.
En el plano deportivo, la causa vuelve a colocar en debate el rol de las barras bravas y la capacidad de los clubes para resistir presiones. La articulación entre la Justicia, el Estado provincial y las dirigencias deportivas aparece como condición necesaria para limitar la intromisión de estructuras criminales en la vida institucional del fútbol.
Aunque la condena contra “Lucho” Gallardo no resuelve por completo el problema de fondo, marca un precedente importante frente a los aprietes a dirigentes y a la utilización del miedo como herramienta de negociación. El desafío ahora será sostener investigaciones que alcancen a toda la cadena de responsabilidades y reduzcan el poder de fuego de estas organizaciones.





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