Fito Páez deslumbró en el segundo concierto de Casa Páez

En formato íntimo y solo con su piano, Fito Páez volvió a encontrarse con el público rosarino en el Teatro Astengo, en el marco del ciclo Casa Páez, donde recorre su obra y homenajea a los artistas que marcaron su camino musical.

Foto: Redes sociales Fito Páez

Un ciclo que mira hacia atrás sin dejar de avanzar

El segundo concierto de Casa Páez confirmó que el ciclo no es solo una seguidilla de shows, sino una propuesta curada donde el músico revisita su historia artística y, al mismo tiempo, resignifica el cancionero popular argentino y latinoamericano. Sobre el escenario, apenas el piano de cola, su voz y un repertorio cargado de memoria afectiva.

La presentación se realizó el último miércoles en el tradicional Teatro Astengo, uno de los espacios culturales más emblemáticos de Rosario. En ese marco, Fito eligió un registro despojado, sin banda ni artificios, que dejó al descubierto la arquitectura de sus canciones y el peso de sus letras.

A lo largo del concierto, el rosarino alternó clásicos de su discografía con versiones personales de autores que lo acompañan desde siempre. Hubo espacio para que bluseara a Atahualpa Yupanqui, celebrara la obra de Charly García, abrazara el legado de Moris y rindiera tributo a Litto Nebbia, otro ícono rosarino y figura fundacional del rock nacional.

El clima íntimo permitió escuchar matices poco habituales en los grandes conciertos eléctricos de Páez. Cada intro de piano fue recibida con silencio atento y el aplauso llegó, muchas veces, antes de que terminara cada tema, como un reconocimiento compartido a una historia colectiva que se canta desde hace décadas.

Homenajes, memoria y diálogo con el público

Más allá del recorrido por su obra, el eje del ciclo está puesto en los artistas que lo influenciaron. En el Astengo, Fito se tomó tiempo para presentar cada homenaje, contar anécdotas y marcar el lugar que esos nombres tuvieron en su formación. De Yupanqui subrayó la profundidad poética y el pulso de la tierra; de Charly, la revolución estética que cambió para siempre la música argentina.

El tributo a Moris llegó atravesado por la figura del pionero del rock porteño, con versiones que pusieron el acento en la crudeza de las letras y el espíritu de época. En el caso de Litto Nebbia, la referencia fue también geográfica y emocional: Rosario, la ciudad que los vio crecer y donde el público reconoce en Nebbia a un referente fundamental del movimiento.

El concierto fue, en buena medida, un recorrido por la memoria afectiva del rock argentino. Sin escenografía recargada ni recursos técnicos llamativos, el foco estuvo siempre en la interpretación y en la conexión directa con la platea. Entre tema y tema, el diálogo con el público aportó cercanía, humor y reflexiones sobre el oficio de componer.

Casa Páez, un formato íntimo para redescubrir canciones

El ciclo Casa Páez viene consolidándose como un espacio donde el músico se permite experimentar con sus propias canciones y revisarlas fuera del formato de banda. En este segundo concierto, esa búsqueda se tradujo en arreglos minimalistas y en la decisión de poner en primer plano la relación entre piano y voz, algo que marcó algunos de los momentos más celebrados de la noche.

Para los asistentes, la experiencia tuvo algo de ritual: escuchar temas conocidos en una versión distinta, cargada de matices, y al mismo tiempo revisitar obras de Yupanqui, García, Moris y Nebbia desde la mirada de Páez. En ese cruce de generaciones y estilos, el show terminó por configurar una suerte de mapa de influencias del propio artista.

Con el Teatro Astengo como escenario y un público que llenó la sala, el segundo capítulo de Casa Páez dejó la sensación de que el ciclo todavía tiene mucho para ofrecer. Cada nueva fecha promete sumar una capa más a este diálogo entre la historia personal de Fito Páez y el cancionero que marcó la música popular argentina.

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