Un nuevo informe social puso números a una pregunta clave: cuál es el ingreso mínimo que necesita una familia tipo en Argentina para considerarse de clase media y no quedar atrapada entre la pobreza y la inestabilidad económica.

Imagen: Rosario La Ciudad
¿Qué entiende el informe por familia tipo y clase media?
El estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA toma como referencia una familia tipo integrada por dos personas adultas en edad activa y dos hijos menores. Para este hogar, la clase media se define no solo por su nivel de ingreso, sino también por el acceso a un conjunto de bienes y servicios básicos.
En términos generales, el informe señala que ser clase media implica poder cubrir con cierta holgura el costo de la canasta total, pagar servicios, transporte y educación, sostener un alquiler o cuota de vivienda y disponer de algo de margen para ocio, ahorro o imprevistos, algo cada vez más difícil en el contexto inflacionario.
Si bien las cifras exactas varían según la región y el tamaño del hogar, los especialistas remarcan que el umbral de clase media se ubica bastante por encima de la línea de pobreza, lo que deja a una porción importante de trabajadores en una zona gris de vulnerabilidad.
De esta forma, el ingreso necesario para ubicarse dentro del sector medio osciló entre los $2.201.157 y los $7.043.703 mensuales. Por encima de ese techo se ubican los sectores acomodados, mientras que por debajo aparecen los segmentos vulnerables y medios frágiles.
Pobreza estructural y movilidad social en retroceso
El ODSA-UCA advierte que, más allá de algunas mejoras estadísticas puntuales, persisten en el país rasgos de pobreza estructural que afectan tanto a los sectores populares como a una parte de la propia clase media baja. Se trata de hogares con dificultades de larga data para acceder a empleo formal, crédito o servicios de calidad.
En ese marco, el informe subraya que la movilidad social ascendente, que durante décadas caracterizó a la Argentina, está dando lugar a trayectorias descendentes. Cada vez más familias que se identificaban como clase media enfrentan un deterioro de ingresos y condiciones de vida que las empuja hacia la vulnerabilidad.
La informalidad laboral y la precarización son factores clave en este proceso. Trabajadores sin aportes, monotributistas de bajos ingresos y changarines conviven en un mercado de trabajo fragmentado, donde la estabilidad se vuelve excepción y no regla.
Ingresos, canasta y brecha entre estadísticas y realidad
Según datos recientes de consultoras privadas y organismos públicos, una familia tipo urbana necesita ingresos muy elevados para no caer en pobreza, y bastante más para sostener un nivel de consumo propio de clase media. Esa brecha entre los números oficiales y la percepción social se hace visible en la pérdida de hábitos cotidianos, como salir a comer, vacacionar o cambiar electrodomésticos.
El informe de la UCA recuerda que una parte importante de los hogares que superan la línea de pobreza monetaria sigue enfrentando carencias en servicios básicos, vivienda o salud. Es decir, logran llegar a fin de mes, pero lo hacen recortando gastos esenciales o endeudándose.
Los especialistas insisten en que no alcanza con mejorar el ingreso nominal si no se acompaña con políticas que ataquen la informalidad, fortalezcan la educación pública y garanticen acceso al trabajo de calidad. Sin esos pilares, la etiqueta de clase media se vuelve frágil ante cualquier crisis.
Desafíos para recuperar la clase media
El documento del ODSA-UCA concluye que la discusión sobre cuánto debe ganar una familia tipo para ser clase media es inseparable de un debate más amplio sobre el modelo de desarrollo. Recuperar la movilidad social requiere crecimiento sostenido, salarios reales en alza y un sistema de protección que ampare a quienes quedan a mitad de camino.
Mientras tanto, muchas familias ajustan su consumo, se apoyan en redes familiares y combinan más de un trabajo para sostener su nivel de vida. El desafío de las políticas públicas será evitar que esa adaptación permanente se traduzca en resignación y pérdida de expectativas hacia el futuro.



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