El exsecretario de Cultura porteño Darío Lopérfido falleció en Buenos Aires y su muerte volvió a poner bajo la lupa una figura que marcó la agenda cultural de la Ciudad durante las últimas décadas.

Según confirmaron allegados, Darío Lopérfido murió a causa de una enfermedad oncológica que venía transitando en los últimos meses. El gestor cultural, periodista y exfuncionario tenía 60 años y se encontraba radicado entre Buenos Aires y Europa.
La noticia de su fallecimiento generó repercusión inmediata en el ambiente cultural porteño y nacional, donde su figura despertaba tanto adhesiones como críticas por su estilo frontal y sus posiciones públicas.
Trayectoria y huella en la cultura porteña
Lopérfido tuvo un rol central en la transformación de la agenda cultural de la Ciudad de Buenos Aires desde fines de los años 90. Como funcionario e impulsor de proyectos, fue clave en la creación del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), que se consolidó como uno de los eventos cinematográficos más importantes de la región.
También promovió el Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), dedicado a las artes escénicas, que abrió la puerta a la llegada de compañías teatrales de gran prestigio y favoreció la internacionalización de la escena local.
Otro hito de su gestión fue su paso por el Teatro Colón, donde impulsó reformas administrativas y artísticas que buscaron modernizar el funcionamiento del coliseo porteño, actualizar su programación y ampliar el vínculo con nuevos públicos.
Un funcionario polémico y un gestor influyente
A lo largo de su carrera, Lopérfido ocupó distintos cargos públicos vinculados a la cultura, tanto a nivel nacional como en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se desempeñó como secretario de Cultura porteño y estuvo al frente del sistema de teatros públicos, con especial énfasis en la articulación entre gestión estatal y producción independiente.
Su estilo directo y sus declaraciones públicas le valieron fuertes cuestionamientos de organismos de derechos humanos, sectores del kirchnerismo y parte del campo intelectual. Sin embargo, incluso voces críticas reconocen que dejó instalados festivales y formatos que redefinieron la oferta cultural de CABA desde comienzos del siglo XXI.
En los últimos años alternó su trabajo entre la Argentina y el exterior, vinculado a proyectos culturales y de consultoría. Tras conocerse su muerte, varias instituciones culturales y colegas destacaron en redes sociales su capacidad de gestión y su impacto en la escena porteña.
Con su fallecimiento, se cierra una etapa para una de las figuras más influyentes —y debatidas— de la política cultural argentina reciente, cuyo legado seguirá presente en festivales, salas y espacios que ayudó a consolidar.



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