La suba de la carne volvió a encender las alarmas: en las últimas cuatro semanas, los precios de los alimentos se aceleraron y presionan sobre el bolsillo de las familias, en un contexto de tarifas en alza y salarios que corren de atrás.

Imagen: Ámbito
De acuerdo a relevamientos privados, la inflación en alimentos se ubicó en torno al 2,4% en las últimas cuatro semanas, con un rol protagónico de los aumentos en carne vacuna. El movimiento en las góndolas se da en paralelo a los ajustes en tarifas energéticas, que también pegarán de lleno en el índice de precios de febrero.
Los analistas señalan que las subas en carnes explicaron cerca del 70% de la inflación registrada en la segunda semana de febrero para el rubro alimentos. El dato no es menor: el consumo de carne es un componente central de la canasta de los hogares argentinos y cualquier variación se siente rápidamente en el presupuesto familiar.
Entre los factores que empujan los valores, se mencionan la recomposición de precios tras meses de atraso, la suba de costos logísticos y de alimentación del ganado, y la menor oferta en algunos cortes. A esto se suma la presión general del proceso inflacionario, que todavía se mantiene en niveles muy altos pese a cierta desaceleración mensual.
Impacto en el bolsillo y en el índice de precios
Especialistas en consumo advierten que, frente a estos aumentos, muchas familias optan por cambiar de cortes, pasar a segundas marcas o directamente reducir la cantidad de carne que compran. El fenómeno se repite en otros productos básicos como lácteos, panificados y alimentos secos, donde también se observan correcciones de precios.
En el plano macroeconómico, la dinámica de los alimentos se combina con los incrementos en luz, gas y otros servicios regulados. Ese cóctel hace prever que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de febrero vuelva a mostrar un registro elevado, incluso si se consolida una leve tendencia a la baja respecto de los picos de fines de 2023.
Para los hogares de menores ingresos, el golpe es doble. Por un lado, destinan una mayor proporción de sus recursos a la compra de comida. Por otro, sufren con más fuerza los aumentos de tarifas, que absorben una porción creciente del salario o de los ingresos informales.
¿Qué puede pasar en las próximas semanas?
Los economistas consultados proyectan que la carne seguirá jugando un rol clave en la inflación de corto plazo. Si la oferta no se recompone y continúan los ajustes de costos, es probable que las carnicerías mantengan valores altos, aun cuando otros rubros comiencen a moderarse.
A la espera de los datos oficiales del INDEC, el mercado ya descuenta que los alimentos y las tarifas serán los principales motores del IPC de febrero. El Gobierno, en tanto, apuesta a que la caída del consumo y la estabilidad cambiaria contribuyan a desacelerar la suba de precios hacia el segundo trimestre del año.
En este escenario, los especialistas recomiendan a los consumidores comparar precios entre supermercados, almacenes y carnicerías de barrio, aprovechar promociones y organizar mejor las compras para evitar gastos imprevistos en un contexto de fuerte pérdida del poder adquisitivo.




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