Una campaña hecha con el corazón para y por la donación pediátrica

Un grupo de familias que viven de cerca la donación pediátrica llevan a cabo una campaña de concientización en el Obelisco

Una campaña hecha con el corazón para y por la donación pediátrica – (Foto: RLC Noticias)

La historia de Felipe —un niño neuquino que recibió un trasplante de corazón— es hoy motor de una poderosa campaña de concientización que se lleva adelante en pleno Obelisco porteño. Su mamá, Pamela, transformó el dolor, la espera y la esperanza en una misión: lograr que más familias hablen sobre la donación de órganos y que ningún niño tenga que esperar tanto.

Felipe era un bebé sano, creciendo normalmente, cuando todo cambió de un día para otro. Lo que parecía una bronquiolitis leve por la cual ingresamos a la guardia del Hospital San Lucas en Neuquén, derivó en una internación. Tras varios estudios, los médicos detectaron una miocardiopatía dilatada con disfunción severa del ventrículo izquierdo, una condición que según estudios genéticos posteriores en el Hospital Italiano estaba presente desde su nacimiento, aunque nunca se había manifestado.

Un virus debilitó su sistema y una bacteria ingresó en sus pulmones. Esa combinación despertó la enfermedad cardíaca oculta. Desde entonces, comenzó un camino que ninguna familia está preparada para atravesar.

Felipe, nos cuenta su mamá Pamela “ingresó a la lista de espera en noviembre”. Aunque su corazón funcionaba muy poco, parecía resistir. Sin embargo, a finales de diciembre sufrió un paro cardíaco. Fue conectado a máquinas de soporte que lo mantuvieron con vida hasta que llegara un donante. En enero ingresó a emergencia nacional, donde permaneció hasta el 18 de junio, día en que recibió su nuevo corazón.

La historia tiene un lazo que la vuelve aún más profunda: la familia de Felipe conocía a la familia del niño donante. Se habían encontrado al llegar al Italiano, compartieron largas internaciones, charlas y vínculos que continúan hasta hoy. Nosotros sufrimos la pérdida de su hijito con ellos”, cuenta Pamela. 

Desde entonces, Pamela mantiene un contacto diario con Paula, la mamá del pequeño donante. Se envían fotos, videos, canciones y acompañan la vida cotidiana de sus otros hijos. “Les prometí que iba a trabajar para generar conciencia. Por Luca y por todas las familias que esperan”.

Hoy, Felipe continúa con controles y estudios, y aunque la vida del trasplantado implica inmunosupresión y muchos cuidados, su recuperación avanza con pasos gigantes. “Agradecemos cada día su oportunidad”, dice su mamá.

Durante el proceso, Pamela conoció a Lea, un artista cuyo universo creativo gira en torno a los corazones. Tras un taller de pintura, nació una amistad y un proyecto: montar un quirófano real en el Obelisco para visibilizar la realidad de miles de personas que esperan un trasplante.

Con el apoyo del Instituto del Trasplante, la muestra se instaló por una semana coincidiendo con el Día del Trasplantado. Allí, familias, voluntarios y profesionales reparten folletería, explican el proceso de donación y buscan que cada visitante salga pensando, conversando y rompiendo tabúes.

La instalación incluye dos códigos QR: uno enlaza a un video informativo sobre donación, y el otro abre la cámara frontal del celular con un mensaje de impacto, invitando a la reflexión inmediata.

Pamela insiste en un mensaje clave: Uno puede decir que no, pero debe llegar informado. Hay 8.000 adultos y casi 200 niños esperando. La donación de órganos es un gesto humano que depende de un sí”. También busca visibilizar la donación pediátrica, un tema difícil pero urgente. “Hay niños que esperan años, como Hilario. No pueden bañarse, no pueden jugar libremente. Solo necesitan un sí”.

“A las familias que esperan siempre les digo lo mismo: fe y fuerza. A nosotros la fe y el amor nos sostuvieron”, dice Pamela. Y agrega una frase que repite, sabiendo que es tan sencilla como real:

“Los órganos no van al cielo: se quedan en la tierra y salvan vidas”.

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