Vermú argentino: el clásico que conquista a una nueva generación

De aperitivo de abuelos a protagonista de las barras jóvenes: el vermú vive un nuevo auge en la Argentina, de la mano de productores que aggiornaron recetas, sabores y rituales sin perder la tradición.

Del living de los abuelos a las barras trendy

El vermú atraviesa un verdadero renacimiento en la Argentina. Lo que durante años fue sinónimo de sobremesa familiar regresó con fuerza a las cartas de bares, picadas y reuniones al aire libre, impulsado por una generación joven que lo redescubrió como bebida versátil, económica y amigable con el paladar.

En los últimos años se multiplicaron los proyectos de vermuteros artesanales y pequeñas bodegas que apostaron por este aperitivo. Muchos productores rescataron recetas centenarias y las combinaron con técnicas modernas, logrando perfiles más frescos, aromáticos y fáciles de tomar, pensados para un público que busca experiencias diferentes.

El boom también se explica por la tendencia global hacia bebidas de menor graduación alcohólica y momentos de consumo más relajados, como el tapeo o la previa con amigos. En ese escenario, el vermú se posiciona como una opción que combina identidad local, historia y posibilidades de mezcla casi infinitas.

Recetas actualizadas y productores en primera persona

Los nuevos emprendimientos vermuteros incorporan hierbas locales, cítricos patagónicos, especias mendocinas y vinos base de distintas regiones del país. Así nacen etiquetas con notas amargas más marcadas, versiones más dulces y propuestas rosadas que dialogan mejor con el paladar joven.

Productores consultados coinciden en que el secreto está en equilibrar tradición e innovación. Mantienen la estructura clásica del vermú —vino fortificado, azúcar, botánicos y especias— pero ajustan proporciones y maceraciones para lograr bebidas más ligeras y aromáticas, ideales para servir con soda, hielo y rodaja de cítrico.

Muchos emprendedores arrancaron a pequeña escala, elaborando en garajes o galpones adaptados, y hoy distribuyen en bares de todo el país. La presencia en ferias gastronómicas y festivales también ayudó a que el vermú dejara de ser una rareza y se instalara como una opción fija en la oferta de coctelería local.

Cómo se toma el vermú en el siglo XXI

El ritual también cambió. Si bien el clásico vaso corto con hielo y soda sigue vigente, ganaron terreno las combinaciones con tónica, ginger ale y jugos naturales. En muchos bares se ofrecen cartas específicas de cócteles con vermú, con recetas que van desde versiones frutales hasta tragos más secos y amargos.

Entre las formas más elegidas por los nuevos consumidores se destacan:

  • Vermú rojo con soda, hielo y rodaja de naranja
  • Vermú blanco con tónica y piel de limón
  • Vermú rosado con frutos rojos y gasificada
  • Spritz de vermú, con espumante y soda bien fría

La gastronomía también acompañó esta transformación. Tablas de quesos, fiambres y conservas, papas fritas caseras y tapeos de inspiración mediterránea se convirtieron en el complemento ideal del aperitivo, consolidando el momento vermú como un ritual social que cruza edades y gustos.

Con más etiquetas locales, presencia en bares y consumo hogareño en ascenso, el vermú se consolida como un protagonista del nuevo mapa de bebidas en la Argentina, recuperando memoria afectiva y abriendo espacio a una industria creativa que todavía tiene mucho por explorar.

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