Valle de la Luna: un viaje al pasado de la Tierra en San Juan

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el Valle de la Luna es uno de los paisajes más asombrosos del país. Un destino imperdible para los amantes de la naturaleza, la ciencia y el silencio milenario del desierto.

En el noroeste de la provincia de San Juan, a unos 330 kilómetros de la capital provincial, se despliega uno de los paisajes más sobrecogedores de la Argentina: el Valle de la Luna. En realidad, su verdadero nombre es Parque Provincial Ischigualasto, pero el apodo popular le calza perfecto. Basta con una mirada para entender por qué. Su geografía árida, caprichosa y de tonalidades rojizas parece más propia de otro planeta que de la Tierra.

Declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, junto con su vecino Parque Nacional Talampaya (en La Rioja), Ischigualasto no sólo deslumbra por su belleza, sino que es también un sitio de enorme valor paleontológico. Allí se han hallado fósiles de dinosaurios que datan del período Triásico, hace más de 230 millones de años, lo que convierte a esta región en una de las más antiguas del planeta con registro fósil continuo.

El Valle de la Luna es un auténtico laboratorio natural. Los sedimentos perfectamente estratificados cuentan la historia de la evolución de la vida sobre la Tierra. Entre los hallazgos más importantes figuran restos del Eoraptor lunensis, uno de los dinosaurios más primitivos que se conocen.

Pero no hace falta ser científico para maravillarse. El recorrido turístico -que se realiza en vehículo, acompañado por guías del parque- incluye paradas en formaciones emblemáticas como El Hongo, La Cancha de Bochas, El Submarino y El Valle Pintado. Estas figuras, esculpidas por millones de años de viento y erosión, despiertan la imaginación y regalan postales únicas, especialmente al atardecer.

Valle de la Luna, un viaje al pasado de la Tierra en San Juan: ¿cómo llegar y cuándo conviene ir?

Desde la ciudad de San Juan, se accede por la Ruta Nacional 40 hasta San Agustín del Valle Fértil, y desde allí se continúa por la Ruta Provincial 510. La mejor época para visitar es entre marzo y octubre, cuando las temperaturas son más agradables. En verano, el calor puede ser extremo, superando los 40°C.

El parque abre todos los días del año y ofrece visitas diurnas y nocturnas. Estas últimas, bajo la luna llena, son una experiencia inolvidable: el paisaje se transforma en un escenario casi onírico, bañado por la luz plateada del satélite natural.

Este lugar es un espacio que invita a reflexionar sobre la historia del planeta, la pequeñez humana frente al tiempo geológico y la necesidad urgente de conservar nuestros patrimonios naturales. Para quienes buscan experiencias auténticas, lejos del turismo masivo, y desean reconectar con la tierra y sus misterios, Ischigualasto es una parada obligada.

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