Vacuna contra el herpes zóster: posible aliado frente a la demencia

Un estudio de largo plazo sugiere que una vacuna habitual contra el herpes zóster podría reducir el riesgo de desarrollar distintos tipos de demencia en adultos mayores, abriendo una nueva vía de prevención en salud pública.

La investigación, liderada por especialistas de Stanford Medicine, analizó durante siete años la salud de adultos en Gales para evaluar si la vacunación contra el herpes zóster tenía impacto más allá de la prevención de esta enfermedad viral. El foco estuvo puesto en un posible efecto protector frente a la demencia.

El herpes zóster, conocido popularmente como “culebrilla”, es una reactivación del virus de la varicela que suele aparecer en personas mayores o con defensas bajas. La vacuna forma parte de los esquemas recomendados en varios países para reducir complicaciones, pero el nuevo trabajo sugiere que podría aportar un beneficio adicional clave.

Qué encontró el estudio en Gales

Los investigadores compararon a personas que recibieron la vacuna contra el herpes zóster con otras de características similares que no fueron vacunadas. A lo largo del seguimiento, observaron que el grupo vacunado registró una menor incidencia de diagnósticos de demencia, incluso tras ajustar por edad, sexo y otros factores de riesgo.

El seguimiento se extendió por unos siete años, un período considerado robusto para este tipo de análisis poblacionales. Si bien se trata de un estudio observacional —es decir, no demuestra causa y efecto de manera definitiva—, los resultados se suman a una línea de evidencia que vincula las infecciones y la inflamación crónica con el deterioro cognitivo.

Según los autores, una posible explicación es que reducir la reactivación del virus del herpes zóster también disminuiría episodios inflamatorios que afectan al sistema nervioso. Esa menor carga de inflamación podría, a largo plazo, moderar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.

Qué implica para la salud pública

La demencia, con el Alzheimer como forma más frecuente, es uno de los grandes desafíos sanitarios del siglo XXI. A nivel mundial se estima que más de 55 millones de personas viven con algún tipo de deterioro cognitivo, y el envejecimiento poblacional hace prever un crecimiento sostenido de los casos.

En ese contexto, toda intervención preventiva gana relevancia. La posible doble protección de la vacuna contra el herpes zóster —frente al virus y frente a la demencia— plantea un escenario atractivo para sistemas de salud que buscan estrategias costo-efectivas, especialmente en países con alta proporción de adultos mayores.

Sin embargo, los especialistas subrayan que aún se necesitan ensayos clínicos más específicos para confirmar el vínculo y evaluar qué grupos se beneficiarían más. Por ahora, recomiendan mantener los esquemas de vacunación vigentes y reforzar otras medidas conocidas para cuidar el cerebro: controlar la presión arterial, no fumar, hacer actividad física y sostener una buena vida social.

Para quienes ya están en edad recomendada de vacunarse contra el herpes zóster, el trabajo de Stanford y los datos de Gales suman un argumento más a favor de consultar con el médico de cabecera y completar el calendario, en un contexto en el que la prevención gana cada vez más peso frente a las enfermedades crónicas.

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