Un informe de UNICEF Argentina reveló que las tasas son considerablemente más altas entre los 15 y los 19 años que entre los 10 y los 14. Aunque el indicador bajó un 36% desde su máximo de 2014, todavía supera los niveles registrados hace tres décadas.
El riesgo de suicidio aumenta significativamente a medida que avanza la adolescencia. Así lo advirtió UNICEF Argentina en un informe que analiza la evolución de este fenómeno en el país durante las últimas tres décadas. Para eso, señala diferencias importantes según la edad, el sexo y el lugar de residencia.
El documento, publicado el jueves 8 de octubre en el marco del Monitor de Suicidio Adolescente, destaca que las tasas se mantienen relativamente bajas entre los 10 y los 14 años. Sin embargo, alcanzan niveles considerablemente más altos entre los 15 y los 19. Frente a este escenario, la organización remarcó la necesidad de fortalecer las políticas de prevención, mejorar las respuestas del sistema de salud y garantizar el acompañamiento durante la transición hacia la vida adulta.
Cómo cambió la tasa de suicidio adolescente en Argentina
Según UNICEF, durante buena parte de las décadas de 1980 y 1990 la tasa de suicidio entre las personas de 10 a 19 años se mantuvo relativamente estable, con valores cercanos a dos o tres casos por cada 100.000 habitantes. Desde fines de los años noventa, en cambio, el indicador aumentó hasta alcanzar un máximo de 7,4 casos por cada 100.000 adolescentes en 2014.
A partir de ese año se registró una tendencia descendente. En 2024, la tasa llegó a 4,8 casos por cada 100.000 adolescentes, lo que representa una reducción acumulada del 36% en diez años.
Pese a esa mejora, el valor continúa por encima de los niveles registrados durante los primeros años de la serie. Además, la evolución no fue igual en todas las edades: mientras la tasa descendió entre los adolescentes, aumentó un 14% entre las personas de 20 a 29 años, al pasar de 12,8 a 14,6 casos por cada 100.000 habitantes.
El informe identifica dos aspectos centrales: las diferencias entre las franjas etarias y la brecha entre varones y mujeres.
Entre los adolescentes de 10 a 14 años, las tasas se mantuvieron relativamente cercanas durante el período estudiado. En cambio, entre los 15 y los 19 años, el aumento fue más pronunciado. La reducción registrada desde 2014 alcanzó a ambos grupos, aunque con distinta intensidad: fue del 36% entre los adolescentes de 15 a 19 años y del 28,5% entre los de 10 a 14.
Las diferencias por sexo también se profundizan con la edad. Según UNICEF, entre los 15 y los 19 años, la tasa masculina es 2,5 veces la femenina.
La organización considera que esta brecha constituye uno de los rasgos estructurales del fenómeno durante la adolescencia tardía. Por eso, plantea que las estrategias de prevención deben contemplar los distintos factores de vulnerabilidad que pueden afectar tanto a chicas como a chicos.

Qué diferencias hay entre las provincias argentinas
El Monitor también advierte que los datos nacionales pueden ocultar realidades muy diferentes. Algunas provincias concentran más casos porque tienen una población adolescente más numerosa, mientras que otras presentan tasas más elevadas en relación con la cantidad de jóvenes que viven allí.
Las tasas provinciales más altas se concentran en el norte argentino. No obstante, el análisis por departamentos también identifica focos de elevada incidencia en otras regiones. Para estudiar la evolución del fenómeno, UNICEF utilizó fuentes oficiales, entre ellas las estadísticas de defunciones de la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud (DEIS) y el Sistema de Alerta Temprana de Suicidios (SAT-SS).
El informe advierte, además, que algunas muertes pueden no quedar registradas como suicidios debido a las dificultades para establecer la intencionalidad, el estigma y las diferencias entre los sistemas de información. Por eso, las cifras disponibles constituyen una aproximación a la magnitud del problema.
Entre las situaciones que pueden aumentar la vulnerabilidad de los adolescentes, el documento menciona los conflictos familiares graves, la violencia en el hogar, el abuso sexual, las dificultades escolares, el rechazo de pares y el acoso escolar.
UNICEF aclara que el fenómeno es complejo y no puede explicarse a partir de un único factor. En ese sentido, destaca la necesidad de fortalecer las redes de acompañamiento y facilitar el acceso a la atención cuando los adolescentes atraviesan situaciones de sufrimiento.
Las escuelas, los servicios de salud y protección, los espacios comunitarios y las familias cumplen un papel importante en esa tarea. La articulación entre estos ámbitos, señala la organización, resulta fundamental para ofrecer respuestas oportunas y sostener las estrategias de prevención.
El desafío es mantener la reducción registrada durante la última década, prevenir nuevos casos y garantizar respuestas adecuadas y cercanas para quienes necesitan apoyo.
Dónde pedir ayuda en Rosario
Ante una emergencia de salud mental en Rosario, se puede llamar al 107, la línea municipal que brinda atención las 24 horas, todos los días del año, para situaciones que incluyen ideas suicidas, intentos previos y acompañamiento familiar.
Más información: Programa Integral de Prevención del Suicidio de la Municipalidad de Rosario.