Colombia y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo tras la crisis diplomática por deportados, suspendiendo sanciones y restableciendo relaciones.

Las relaciones diplomáticas entre Colombia y Estados Unidos vivieron una crisis diplomática. El presidente colombiano, Gustavo Petro, negó el permiso para que dos aviones militares estadounidenses aterrizaran en Colombia con 160 deportados colombianos, lo que generó una rápida respuesta de Washington. Estados Unidos impuso sanciones económicas y restricciones migratorias a funcionarios colombianos, lo que empeoró la situación.
La crisis llegó a su punto máximo por la noche, cuando la Casa Blanca anunció un acuerdo entre ambos gobiernos. Colombia aceptó recibir a los deportados sin restricciones, lo que llevó a la suspensión de las sanciones económicas y migratorias impuestas anteriormente. El gobierno estadounidense comunicó que, si Colombia cumplía con el acuerdo, se suspenderían las medidas punitivas, aunque las sanciones de visa y las inspecciones seguirían vigentes hasta la llegada de los deportados.
En paralelo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia informó que los embajadores Luis Gilberto Murillo y Daniel García-Peña viajarían a Washington para fortalecer los acuerdos. El gobierno colombiano garantizó que los deportados recibirían un trato digno, destacando que el presidente Petro había dispuesto el avión presidencial para el retorno de los connacionales.
El rechazo inicial de Petro a recibir a los deportados fue visto como un acto de defensa de la soberanía nacional, aunque la presión internacional y las sanciones hicieron que se buscaran soluciones diplomáticas. A pesar de las tensiones, el gobierno colombiano mantuvo un diálogo constante con Estados Unidos, lo que permitió resolver la crisis mediante negociaciones. El presidente Petro insistió en que no cedería ante lo que consideraba un trato humillante, pero finalmente se llegó a un consenso.



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