Trump invita a Putin y Lukashenko a la Junta de Paz para Gaza

Donald Trump impulsa la creación de una Junta de la Paz para administrar la reconstrucción de Gaza y sorprendió al incluir a líderes de regímenes autoritarios entre los posibles miembros de ese órgano internacional.

Donald Trump durante un acto político mientras anuncia su plan para Gaza
Imagen: El País

La propuesta del presidente estadounidense Donald Trump incluye invitar a Vladimir Putin, de Rusia, y a Alexandr Lukashenko, de Bielorrusia, a formar parte de la Junta de la Paz. Se trata del organismo que, según plantea, será clave en la etapa posterior a la guerra en la Franja de Gaza.

La llamada Junta de la Paz tendría como objetivo supervisar la reconstrucción de infraestructuras básicas, coordinar la llegada de ayuda internacional y establecer líneas de diálogo entre las partes enfrentadas. Trump aspira a que ese esquema se convierta, a futuro, en una herramienta exportable para intervenir en otros conflictos en distintas regiones del mundo.

La inclusión de Rusia y Bielorrusia en un espacio de mediación genera controversia en la diplomacia occidental. Ambos gobiernos son señalados por organismos internacionales por su deriva autoritaria, persecución a la oposición y restricciones severas a la libertad de expresión.

En el caso ruso, la guerra en Ucrania y las sanciones aplicadas por Estados Unidos y la Unión Europea complejizan cualquier intento de cooperación formal. Bielorrusia, por su parte, es uno de los aliados más estrechos del Kremlin y fue acusada de participar indirectamente en el conflicto ucraniano, lo que refuerza las dudas sobre su papel como garante de paz.

Fuentes diplomáticas consultadas por la prensa internacional advierten que la presencia de estos actores podría tensionar la relación con Israel y con varios países europeos, que observan con recelo la posibilidad de que Moscú gane influencia en un tablero tan sensible como el de Medio Oriente.

La Franja de Gaza atraviesa una de las peores crisis humanitarias de las últimas décadas. Naciones Unidas estima que buena parte de la infraestructura civil quedó destruida o dañada y que la población depende casi por completo de la ayuda externa para acceder a agua, alimentos y atención médica.

En ese contexto, cualquier iniciativa de reconstrucción se vuelve también un escenario de disputa de poder. Washington, Moscú, la Unión Europea y potencias regionales como Egipto, Turquía, Irán y Catar buscan incidir en el diseño político de la posguerra y en el control de los fondos de asistencia.

Analistas señalan que la Junta de la Paz, tal como la concibe Trump, podría redefinir equilibrios geopolíticos si logra sumar a países con intereses cruzados pero dispuestos a negociar. Sin embargo, la falta de detalles sobre su composición, reglas de funcionamiento y legitimidad internacional alimenta interrogantes sobre su viabilidad real.

La invitación a Putin y Lukashenko despertó críticas de organizaciones de derechos humanos, que cuestionan la coherencia de convocar a gobiernos señalados por violaciones graves para integrar un organismo con fines pacificadores.

Entre los desafíos centrales aparecen la necesidad de garantizar transparencia en el manejo de los recursos destinados a Gaza y de asegurar que la reconstrucción no quede supeditada a los intereses estratégicos de las grandes potencias.

Mientras tanto, comunidades palestinas y organismos internacionales insisten en que cualquier iniciativa efectiva debe contemplar la protección de la población civil, el respeto al derecho internacional humanitario y un horizonte político claro que evite que la Franja vuelva a convertirse en epicentro de una nueva escalada bélica.


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