Trump endurece la presión y pone a Cuba contra las cuerdas

La histórica revolución cubana enfrenta uno de sus momentos más delicados en décadas, en medio de una ofensiva de Washington que apunta directamente al corazón económico de la isla.

Trump endurece la presión y pone a Cuba contra las cuerdas

El Gobierno de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump redobló la apuesta contra Cuba al restringir con mayor dureza el acceso de la isla a combustible y financiamiento externo. La estrategia busca asfixiar la economía cubana y aumentar la presión sobre el régimen que se mantiene en el poder desde hace más de seis décadas.

En la práctica, Washington apunta a los envíos de petróleo extranjero que llegan a la isla, clave para sostener el transporte, la generación eléctrica y la actividad productiva. La medida se suma al endurecimiento del embargo económico, vigente desde 1962, pero con nuevas sanciones financieras y comerciales.

Una revolución bajo presión

El sistema político cubano, instaurado tras la revolución de 1959 encabezada por Fidel Castro, ha sobrevivido a crisis profundas: la caída de la Unión Soviética, el llamado “Período Especial” en los años ’90 y sucesivas rondas de sanciones. Sin embargo, la actual combinación de escasez de divisas, baja producción y restricciones energéticas potencia el malestar social.

Analistas señalan que el corte en el suministro de combustible puede derivar en apagones más frecuentes, dificultades para el transporte público y nuevos problemas para el abastecimiento de alimentos y medicamentos. Esto impacta directamente en la vida cotidiana de los cubanos, ya afectados por la inflación y la falta de productos básicos.

La apuesta política de Trump

La Casa Blanca presenta esta escalada como un intento de forzar una transición democrática en la isla. El endurecimiento de las sanciones también tiene una lectura interna: busca consolidar el apoyo del electorado anticastrista en el estado de Florida, clave en cualquier disputa presidencial estadounidense.

Desde La Habana, el gobierno cubano denuncia una “guerra económica” y afirma que Washington intenta provocar un colapso del sistema para influir en la política interna del país. Al mismo tiempo, refuerza sus vínculos con socios estratégicos como Rusia, China y Venezuela para garantizar suministros y asistencia financiera.

Organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos advierten que las sanciones económicas tienden a golpear más a la población civil que a las cúpulas de poder. En ese marco, crece el debate sobre si la presión externa puede acelerar cambios políticos o, por el contrario, fortalecer el discurso de resistencia del gobierno cubano.

Mientras tanto, la isla intenta sostener su modelo político en un escenario cada vez más adverso, con la mirada del mundo puesta en si la revolución que lleva 67 años en pie podrá resistir una nueva embestida de Washington.

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