El presidente Donald Trump escala el conflicto con Venezuela mediante bloqueos navales para forzar la salida de Maduro y recuperar el control petrolero.

La política exterior de Washington hacia Caracas atraviesa actualmente una fase de profunda incertidumbre. El mandatario estadounidense justifica su despliegue militar en el Caribe mediante la supuesta lucha contra el narcotráfico.
Sin embargo, analistas internacionales sugieren que el verdadero interés radica en las vastas reservas de petróleo de la nación caribeña. Recientemente, el presidente endureció su discurso al reclamar derechos energéticos históricos sobre los yacimientos venezolanos.
Por un lado, la Casa Blanca presiona para conseguir el exilio forzado de la cúpula chavista. Por otro lado, la administración evita una invasión terrestre debido al alto riesgo de bajas militares. Este escenario genera dudas sobre la efectividad de la misión naval iniciada meses atrás. No obstante, las fuerzas navales ya confiscaron varios buques petroleros sancionados para asfixiar financieramente al régimen.
Varios expertos cuestionan la narrativa oficial sobre el flujo de drogas. Aseguran que la mayor parte del tráfico sudamericano no transita por territorio venezolano. Además, las encuestas internas en Estados Unidos muestran un rechazo creciente hacia una posible intervención militar. El electorado prioriza la estabilidad económica y el fin de los conflictos bélicos en el extranjero.
En consecuencia, el Gobierno necesita una resolución rápida para evitar un desgaste político mayor antes de las elecciones. La supervivencia del oficialismo venezolano representaría un fracaso estratégico para la diplomacia norteamericana.
Por lo tanto, la estrategia actual combina el bloqueo financiero con amenazas de ataques puntuales. En última instancia, el futuro de la democracia venezolana parece subordinado a los intereses energéticos y a la conveniencia electoral estadounidense.



Comentarios