Trump cambia de rumbo y apuesta a negociar con Irán

Donald Trump pasó en pocas horas de amenazar con un ataque contra infraestructuras estratégicas de Irán a asegurar que ve una “posibilidad muy real” de alcanzar un acuerdo diplomático con Teherán.

El giro se produjo entre la noche del domingo y la jornada del lunes. De un lado, el presidente de Estados Unidos advertía que estaba listo para atacar centrales eléctricas iraníes si la República Islámica no reabría el estrecho de Ormuz, un paso marítimo clave para el comercio mundial de petróleo.

Al día siguiente, el estrecho seguía en la práctica tan bloqueado como antes. Sin embargo, Trump anunció que optaba por dar aire a la vía diplomática y que se abría a conversaciones con un político iraní cuyo nombre no fue revelado públicamente.

Según su propio relato, ese interlocutor habría transmitido la voluntad de Teherán de negociar una salida. “Ellos quieren llegar a un acuerdo, y vamos a hacerlo”, declaró el mandatario, que habló de una “posibilidad muy real” de entendimiento.

Trump también comunicó la extensión por cinco días de su ultimátum sobre el estrecho de Ormuz. El plazo adicional busca ganar tiempo para esos contactos preliminares y reducir la tensión inmediata en la región del Golfo Pérsico, donde se concentra una parte decisiva de la producción energética global.

Presión aliada y temor a un shock en los mercados

Detrás de este cambio de tono hay factores de peso. Por un lado, la insistencia de aliados de Washington en el Golfo, que temen que una escalada militar termine desbordando sus propias fronteras y exponga sus recursos estratégicos.

Por otro, el temor en la Casa Blanca a una posible desbandada en los mercados internacionales si se concretaba un ataque a Irán. Un golpe a sus centrales eléctricas podría disparar el precio del crudo, afectar el transporte marítimo y sumar incertidumbre a una economía global ya tensionada.

En apenas 24 días de ofensiva, la política exterior de Trump frente a Irán exhibió cambios bruscos: de discursos abiertamente belicistas a pronósticos de paz inminente, para luego volver a endurecer la retórica. El anuncio de nuevas gestiones diplomáticas se inscribe en esa secuencia de bandazos.

Un escenario aún cargado de incertidumbre

Que Trump haya dado marcha atrás con un ataque inmediato no significa que el conflicto se encamine a una resolución rápida. El presidente evitó detallar los términos de un eventual acuerdo y no precisó qué concesiones estaría dispuesto a aceptar de parte de Irán.

Tampoco está claro qué margen real tiene el misterioso mediador iraní para influir en las decisiones del liderazgo político y militar de Teherán, ni qué respuesta podría dar la República Islámica ante un esquema de negociación impulsado desde Washington.

En el plano internacional, los aliados europeos de Estados Unidos siguen con atención los movimientos de la Casa Blanca, conscientes de que una crisis prolongada en el estrecho de Ormuz tendría impacto directo sobre precios de la energía, rutas marítimas y estabilidad financiera.

Así, mientras Trump vuelve a apostar por la vía diplomática, la región permanece en una tensa calma: el paso marítimo continúa restringido, no hay un plan de paz detallado y las amenazas de acción militar siguen latentes si las conversaciones preliminares fracasan.

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