La región núcleo atravesó un enero excepcionalmente seco, con lluvias muy por debajo de lo normal y un impacto creciente sobre los cultivos de soja de primera y de segunda.

La llamada región núcleo, integrada por el sur de Santa Fe, el norte de Buenos Aires y el sudeste de Córdoba, atravesó uno de los eneros más adversos de los últimos años. Los registros de lluvia mostraron una caída cercana al 66% respecto de los promedios históricos, lo que dejó a gran parte del área productiva con serios signos de estrés hídrico.
En esta zona, clave para la producción de granos de Argentina, las precipitaciones acumuladas promediaron menos de 40 milímetros a lo largo del mes. Según estimaciones privadas y de organismos técnicos, aproximadamente la mitad de la superficie agrícola se encuentra bajo condiciones de sequía o sequía severa.
Soja de primera ya resigna rinde y la de segunda espera lluvias
La falta de agua golpea especialmente a la soja de primera, que se encuentra en etapas críticas de floración y llenado de granos. Los técnicos coinciden en que ya se perdió parte del potencial de rendimiento, con lotes que muestran pérdida de hojas, plantas de menor porte y vainas con menos granos.
En el caso de la soja de segunda, implantada sobre rastrojos de trigo, el cuadro es dispar. Los cultivos se sostienen en los suelos con mejor capacidad de retención, pero en los ambientes más livianos empiezan a verse daños que podrían ser irreversibles si no se concretan lluvias significativas en los próximos días.
La situación genera preocupación entre productores y acopiadores, ya que la región núcleo suele aportar buena parte de la soja y el maíz que luego se destinan a la exportación y a la industria. Una merma en los rindes se traduce en menos ingreso de divisas y en menor actividad para las economías locales ligadas al agro.
Impacto económico y escenarios posibles para la campaña
Con el avance de la campaña, los analistas comienzan a recalcular sus proyecciones. Algunos informes privados ya hablan de posibles recortes en la producción total de soja si el patrón seco se mantiene durante febrero, un mes decisivo para consolidar rendimientos.
En paralelo, el maíz temprano también acusa la falta de agua, mientras que el maíz tardío depende, al igual que la soja de segunda, de un cambio en el escenario de lluvias. El resultado de la campaña agrícola podría variar de manera sustancial según la llegada o no de frentes húmedos en las próximas semanas.
La combinación de altas temperaturas y baja oferta de agua en el suelo incrementa el riesgo de pérdidas no solo en producción, sino también en calidad de los granos. En la región se multiplican las consultas a asesores para decidir si avanzar con aplicaciones, reprogramar labores o incluso dar por perdido algunos lotes muy afectados.
Especialistas en clima recuerdan que, en campañas anteriores, el regreso de las lluvias en febrero permitió recuperar parte del potencial. Sin embargo, advierten que el margen de maniobra se achica con cada semana seca, sobre todo para la soja de primera, que ya transita etapas definitorias.




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