Un relevamiento realizado en Rosario muestra que la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidado sigue repartida de forma desigual, con un fuerte impacto en la vida laboral y económica de las mujeres.

De acuerdo a un informe presentado por la Universidad Nacional de Rosario (UNR), en la ciudad siete de cada diez tareas domésticas siguen en manos de mujeres. El dato confirma que, pese a los avances en materia de derechos e igualdad, la distribución del trabajo no remunerado continúa siendo profundamente desigual en los hogares rosarinos.
El relevamiento analizó cómo se reparten actividades como la limpieza, la cocina, las compras del hogar y el cuidado de niños y personas mayores. La conclusión central es contundente: las mujeres dedican muchas más horas por día a estas tareas, lo que condiciona sus oportunidades para acceder a empleos formales y mejorar sus ingresos.
Según especialistas en género y trabajo, esta carga invisibilizada se traduce en menos tiempo disponible para estudiar, capacitarse o buscar mejores puestos laborales. En la práctica, la desigualdad en el hogar refuerza la brecha salarial y la feminización de la pobreza, fenómeno que también se observa a nivel nacional.
Trabajo no remunerado: una deuda pendiente en las políticas públicas
El estudio de la UNR retoma una problemática que organismos como la ONU y la CEPAL vienen señalando hace años: el trabajo doméstico y de cuidados, pese a ser indispensable para el funcionamiento de la economía, no se paga ni se reconoce en términos de derechos laborales. En Argentina se calcula que este tipo de tareas representa entre el 15% y el 20% del PBI si se lo midiera económicamente.
En Rosario, la realidad se expresa en desigualdades concretas. Muchas mujeres trabajan en empleos informales de media jornada o aceptan condiciones precarias porque necesitan compatibilizar el cuidado del hogar con la generación de ingresos. Esto se agrava en los sectores populares, donde el acceso a jardines, centros de cuidado y servicios comunitarios es limitado.
El relevamiento también advierte que la desigual distribución de estas tareas impacta en la salud física y emocional. La sobrecarga, el estrés y la sensación de no llegar a cumplir con todas las demandas del hogar son factores que se repiten en los testimonios de mujeres de distintas edades, especialmente entre quienes crían solas a sus hijas e hijos.
Varones, corresponsabilidad y cambios culturales necesarios
El informe de la UNR remarca que no alcanza con políticas públicas si no se producen cambios culturales profundos en la forma en que se organizan los hogares. Aunque los varones participan más que décadas atrás, su aporte sigue siendo menor y, en muchos casos, se limita a tareas puntuales, mientras que la planificación y la carga mental recaen casi por completo en las mujeres.
Entre las estrategias que proponen especialistas se destacan:
- Impulsar licencias parentales igualitarias para varones y mujeres
- Fortalecer la red de jardines, espacios de crianza y dispositivos de cuidado
- Incorporar la educación en igualdad de género desde los primeros años escolares
- Visibilizar el trabajo doméstico en las estadísticas oficiales y las decisiones de política económica
La UNR plantea que avanzar hacia una corresponsabilidad real en las tareas de cuidado es clave para reducir brechas en el mercado laboral y garantizar una mayor autonomía económica para las mujeres. Sin una redistribución del tiempo y del trabajo en los hogares, la igualdad de oportunidades seguirá siendo una meta lejana.
En Rosario, organizaciones feministas y sindicales vienen reclamando que se reconozca el cuidado como un derecho y una responsabilidad social, y no sólo como una tarea privada. El nuevo relevamiento de la universidad suma evidencia para sostener ese reclamo y vuelve a poner en agenda un debate urgente.



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