Un informe académico encendió una nueva alarma sobre la situación del mercado laboral argentino: el salario mínimo perdió gran parte de su poder de compra y el empleo registrado acumula varios meses consecutivos de retroceso.

El salario mínimo, por debajo de 2001
De acuerdo con un trabajo de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el salario mínimo vital y móvil atraviesa uno de sus peores momentos desde que se instauró como referencia. El estudio señala que hoy tiene menos poder de compra que en 2001, uno de los años más críticos de la economía argentina.
Los economistas que elaboraron el informe reconstruyeron la evolución del ingreso mínimo en términos reales, es decir, descontando la inflación. El resultado muestra una caída profunda del salario mínimo cuando se lo compara con su desempeño histórico en distintas etapas políticas y económicas del país.
Según el relevamiento, desde el comienzo del gobierno de Javier Milei el deterioro se aceleró. Tomando como punto de partida noviembre de 2023, el salario mínimo real se redujo en torno al 38%, lo que implica que, con el mismo ingreso nominal, los trabajadores pueden comprar mucho menos que hace apenas unos meses.
Esta pérdida de poder adquisitivo se explica por el fuerte aumento de precios registrado en los primeros meses de la nueva gestión, que no fue acompañado por incrementos equivalentes en el piso salarial fijado por el Gobierno a través del Consejo del Salario.
Ocho meses seguidos de caída del empleo formal
El informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA también pone el foco en la dinámica del empleo registrado. Allí se advierte que el trabajo formal encadenó ocho meses consecutivos de descensos, un dato que revela la fragilidad del mercado laboral en la actual coyuntura.
La merma en los puestos registrados se observa tanto en el sector privado como en algunas áreas del sector público y se vincula con la retracción de la actividad económica, la caída del consumo y la postergación de inversiones. En este contexto, la combinación de menos empleo formal y salarios más débiles golpea con fuerza a los hogares que dependen de ingresos fijos.
Los especialistas remarcan que la disminución del empleo registrado suele tener efectos de arrastre sobre otras variables sociales: se resienten los aportes a la seguridad social, aumenta la incertidumbre entre los trabajadores y crece la presión sobre el empleo informal y las changas.
Impacto en el poder adquisitivo y en la vida cotidiana
La combinación de un salario mínimo históricamente bajo y menos empleo formal se traduce en una pérdida sostenida del poder de compra de amplios sectores de la población. Muchos trabajadores que cobran en torno al piso salarial destinan cada vez una mayor proporción de sus ingresos a gastos básicos como alimentos, alquileres y servicios.
Esto repercute directamente en el consumo interno, que es uno de los motores de la economía argentina. Comercios de cercanía, pymes y prestadores de servicios sienten el freno del gasto de los hogares, lo que a su vez puede derivar en nuevos ajustes de plantillas y suspensiones.
En ese marco, el informe de la UBA suma evidencia cuantitativa a una sensación extendida entre los asalariados: el salario rinde menos y la estabilidad laboral se percibe cada vez más frágil. La evolución de estas variables en los próximos meses será clave para definir el rumbo social y económico del país.





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