El desembarco de mercenarios rusos en Madagascar abre un nuevo capítulo en la disputa geopolítica por África, con acuerdos de seguridad que podrían redefinir el poder en la isla del océano Índico.
En los últimos días de diciembre, una delegación de alrededor de 40 enviados rusos encabezada por el general Andrei Averianov, líder de la milicia conocida como Africa Corps, mantuvo un encuentro clave con el presidente interino de Madagascar, el coronel Michael Randrianirina. La reunión se enmarca en la estrategia del Kremlin de ampliar su red de aliados en el continente africano a través de la cooperación militar y de seguridad.
Según trascendió, Moscú ofreció al mandatario malgache protección personal y apoyo en seguridad interna. Todo se da en un contexto en el que el propio Randrianirina ha manifestado en reiteradas oportunidades que se siente amenazado. El esquema replica el modelo aplicado por Rusia en otros países africanos. Allí las fuerzas paramilitares actúan como garantes del gobierno a cambio de acceso privilegiado a recursos naturales y contratos estratégicos.
La expansión del Africa Corps en el continente
El Africa Corps es el heredero del grupo Wagner, la estructura de mercenarios que operó durante años en distintos conflictos africanos. Además, tras la muerte de Yevgueni Prigozhin, fue reconfigurada bajo control más directo del Estado ruso. Ahora, bajo el mando de Averianov, la milicia mantiene presencia en países como República Centroafricana, Malí, Burkina Faso, Níger, Libia y Guinea Ecuatorial, entre otros.
En estos territorios, su actividad combina tareas de entrenamiento de fuerzas locales, protección de autoridades y de infraestructuras sensibles. Además de operaciones contra grupos armados insurgentes. A cambio, Rusia obtiene concesiones mineras, acuerdos energéticos y una influencia política creciente que compite con la de potencias occidentales como Francia, Estados Unidos y la Unión Europea.
Por qué Madagascar es una pieza clave
Madagascar, ubicada en el océano Índico y con una rica dotación de tierras raras, níquel, cobalto y grafito, es vista por analistas internacionales como un punto estratégico para la seguridad marítima y el control de rutas comerciales. Su eventual alineamiento con Moscú reforzaría la presencia rusa en el sur del continente y en una zona donde también se disputan influencia China y potencias occidentales.
El país atraviesa además una etapa de inestabilidad política y fragilidad institucional. Se trata de un contexto en el que la oferta de protección personal al presidente interino adquiere un peso determinante. Este tipo de acuerdos ha sido cuestionado por organizaciones de derechos humanos, que advierten sobre denuncias de abusos cometidos por mercenarios rusos en otros escenarios africanos.
Para el Kremlin, sumar a Madagascar a su órbita consolidaría una red de aliados que se extiende desde el Sahel hasta el Índico. Y así amplía sus márgenes de maniobra diplomática y económica en medio de las sanciones occidentales derivadas de la guerra en Ucrania.
En paralelo, gobiernos europeos y Estados Unidos observan con preocupación estos movimientos, ya que pueden erosionar su influencia en la región y dificultar estrategias conjuntas frente a crisis como el terrorismo, los desplazamientos forzados y la competencia por recursos críticos para la transición energética.




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