Rosario formalizó su autonomía municipal en un acto que unió objetos históricos para subrayar la continuidad de su proyecto institucional.

La firma de la autonomía municipal reunió objetos que construyen un puente entre la Rosario histórica y la ciudad que decide su rumbo. La ceremonia se realizó sobre una mesa diseñada por Ángel Guido en algarrobo morado. Sus figuras precolombinas recordaron el vínculo permanente con raíces culturales profundas.
El acto incorporó piezas que reforzaron esa narrativa. El tintero de Nicasio Oroño, hecho en hierro fundido, volvió desde el Museo de la Ciudad y aportó la presencia simbólica de un impulsor de la modernización santafesina. Su uso recordó etapas fundacionales para el desarrollo institucional local.
La Carta Orgánica de 1933 sumó un eje político clave. El texto surgió de debates intensos y mostró la primera gran apuesta de Rosario por darle estructura a su autonomía. Su regreso al escenario público evocó un proyecto interrumpido por la intervención federal de 1935.
La tesis universitaria de Lisandro de la Torre añadió una dimensión intelectual. Ese trabajo juvenil ya exploraba la importancia de gobiernos locales fuertes y con atribuciones claras. Su presencia reafirmó la continuidad de un pensamiento que marcó generaciones.
La birome histórica de la Sala de las Banderas aportó otro gesto simbólico. Con ella firmaron el libro de honor visitantes destacados durante tres décadas. Su inclusión recordó trayectorias diplomáticas y culturales que dejaron huella en la ciudad.
Dos medallas del Círculo Numismático cerraron el conjunto. La del Bicentenario de 1925 y la del Tricentenario de 2025 enlazaron pasado, presente y futuro. Ambas piezas reforzaron la idea de una tradición que guía a Rosario mientras define una nueva etapa institucional.



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