Revelan cómo comienza el Parkinson en el cerebro antes de los síntomas

Científicos revelan cómo se manifiesta el Parkinson en el cerebro en sus primeras fases, antes de que aparezcan los primeros síntomas.

Foto: Archivo.

Durante décadas, la enfermedad de Parkinson se estudió a partir de sus síntomas visibles, como temblores, rigidez y lentitud de movimientos, y de los cuerpos de Lewy, depósitos proteicos que indican daño neuronal avanzado. La comunidad científica sospechaba que existían señales más tempranas, pequeñas acumulaciones proteicas que podrían iniciar la neurodegeneración antes de que aparecieran síntomas clínicos.

Un equipo internacional confirmó esta hipótesis al visualizar directamente en tejido cerebral postmortem los oligómeros de alfa-sinucleína, considerados los impulsores iniciales del Parkinson. El hallazgo, publicado en Nature Biomedical Engineering, permite comprender cómo estos cúmulos dañan las neuronas y abre la puerta a estrategias diagnósticas y terapéuticas más precisas.

El estudio utilizó la técnica ASA-PD, un método de microscopía de fluorescencia ultrasensible que amplifica la señal de los oligómeros y reduce el ruido biológico. Los investigadores analizaron más de 1,2 millones de nanoagregados en la corteza cingulada anterior de pacientes y controles. Descubrieron que los oligómeros eran más grandes, brillantes y abundantes en cerebros con Parkinson. Además, detectaron un subtipo exclusivo de pacientes que podría funcionar como marcador temprano.

Los expertos destacan que estos oligómeros actúan como semillas que se propagan rápido y se resisten a desaparecer. Esto explica cómo se forman los cuerpos de Lewy y cómo comienza el daño neuronal. Aunque ASA-PD aún no tiene aplicación clínica directa, representa un avance clave para estudiar la enfermedad en sus etapas iniciales.

El Parkinson afecta a decenas de miles en Argentina y se proyecta que llegue a 25 millones de casos en el mundo para 2050. Comprender los oligómeros permite imaginar futuros diagnósticos tempranos y terapias dirigidas. También podría aplicarse a otras enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer o la ELA, transformando la forma de estudiar y eventualmente tratar estas patologías.

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