El gobierno británico tomó distancia del plan impulsado por Donald Trump para crear una Junta de Paz sobre Gaza y, por ahora, decidió no integrarse al esquema propuesto por Washington, que incluye a potencias aliadas y a regímenes cercanos a Moscú.
Imagen: El País
La decisión del Reino Unido se alinea con la postura ya expresada por Francia y refleja las dudas europeas frente al diseño de la iniciativa de Trump, que busca reposicionarse como mediador en Medio Oriente. Londres comunicó que seguirá apoyando los esfuerzos diplomáticos, pero fuera de este nuevo marco.
La principal polémica se centra en la invitación cursada a Rusia, presidida por Vladímir Putin, y a Bielorrusia, gobernada por Aleksandr Lukashenko, considerado un dictador por gran parte de la comunidad internacional. Ambos países aún no confirmaron si se sumarán al esquema, pero su sola presencia generó alarma en capitales europeas.
Preocupación en Londres por el peso de Moscú
Fuentes diplomáticas británicas señalan que la inclusión de Moscú y Minsk podría desbalancear la mesa de negociación y darle a Rusia una cuota de influencia extra en un conflicto donde ya tiene vínculos estratégicos con Irán y con actores armados de la región. El temor en Londres es que la Junta de Paz termine siendo utilizada para legitimar intereses geopolíticos antes que para frenar la violencia.
Desde el inicio de la guerra entre Israel y Hamás, el Reino Unido se mostró alineado con Estados Unidos en la condena a los ataques terroristas y en el respaldo al derecho de defensa israelí, aunque en los últimos meses aumentó la presión para lograr pausas humanitarias y un mayor flujo de ayuda hacia la Franja de Gaza.
Trump busca un rol central en la crisis de Gaza
El plan de Trump apunta a conformar una Junta de Paz con presencia de potencias occidentales y países aliados de Rusia, con la promesa de impulsar un alto el fuego, la liberación de rehenes y un esquema de reconstrucción para Gaza. Sin embargo, analistas internacionales advierten que la fragmentación del liderazgo y la superposición con los esfuerzos de la ONU y otros foros regionales pueden complicar aún más el escenario.
En Europa miran con cautela este movimiento diplomático, que llega en plena campaña política en Estados Unidos. Tanto Londres como París evalúan que sumarse a la iniciativa podría ser leído como un respaldo directo a la estrategia personal de Trump y prefieren mantener su acción dentro de los canales multilaterales tradicionales, como Naciones Unidas y la Unión Europea.
Mientras tanto, la situación humanitaria en Gaza sigue siendo crítica, con organismos internacionales que denuncian falta de agua potable, cortes de energía prolongados y hospitales desbordados. La presión para alcanzar un acuerdo de paz sostenible crece, pero las divisiones entre las potencias sobre cómo encarar esa negociación vuelven incierto el futuro inmediato.



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