Propofol y fentanilo: controles y riesgos en la región

Tras el escándalo nacional por el uso recreativo de anestésicos en fiestas clandestinas, en Rosario especialistas marcaron distancia y explicaron cómo se controla cada ampolla de estos fármacos en la ciudad y en la provincia de Santa Fe.

En medio de la polémica por las fiestas en Buenos Aires donde se detectó el uso de propofol y fentanilo fuera del ámbito médico, el presidente de la Asociación Rosarina de Anestesia, Analgesia y Reanimación Iván Grossman llevó tranquilidad a los pacientes de Rosario y de toda la provincia de Santa Fe.

El especialista remarcó que en el sistema de salud local rigen protocolos estrictos de trazabilidad que permiten saber quién prescribe, quién aplica y qué cantidad de estos medicamentos se utiliza en cada procedimiento.

Grossman explicó que el propofol es un anestésico de uso exclusivamente hospitalario que se administra por vía intravenosa para inducir y mantener la anestesia general. Su aplicación requiere monitoreo constante de la presión arterial, la respiración y la oxigenación del paciente.

El fentanilo, en tanto, es un opioide potente empleado para el manejo del dolor intenso, especialmente en cirugías y terapias intensivas. Una dosis inadecuada o mal administrada puede provocar depresión respiratoria severa e incluso la muerte si no se cuenta con equipamiento y personal entrenado para intervenir de inmediato.

Protocolos y trazabilidad en el sistema de salud local

Según detalló el presidente de la asociación rosarina, en Rosario y en la provincia de Santa Fe los anestésicos están sometidos a controles cruzados. Cada frasco o ampolla queda registrado desde que ingresa a la farmacia del sanatorio u hospital hasta que se utiliza en quirófano.

Los profesionales deben documentar en la historia clínica el tipo de droga, la dosis y el momento de administración, lo que permite reconstruir el circuito completo. Este esquema de trazabilidad, insistió Grossman, hace que desvíos hacia fiestas o consumos ilegales sean altamente improbables en el ámbito local.

En ese sentido, lo ocurrido en Buenos Aires fue calificado como un caso aislado y no representativo de la práctica cotidiana en Rosario y Santa Fe, donde la manipulación de anestésicos está regulada y auditada de manera permanente.

Los riesgos de usar anestésicos sin control médico

Grossman advirtió que el uso de propofol o fentanilo en un contexto recreativo, sin asistencia médica adecuada ni la infraestructura de un centro de salud, implica un peligro irreversible. Una reacción adversa o una sobredosis pueden desencadenar paro respiratorio o cardíaco en cuestión de minutos.

El anestesiólogo subrayó que, además de la formación profesional, se requiere equipamiento específico para revertir efectos adversos, como respiradores, monitoreo avanzado y medicación de rescate. Nada de eso está disponible en una fiesta clandestina o en un entorno domiciliario improvisado.

Por eso, desde la Asociación Rosarina de Anestesia, Analgesia y Reanimación insistieron en que estos fármacos deben permanecer limitados al ámbito hospitalario y bajo protocolos, y llamaron a no subestimar los riesgos detrás de prácticas que se presentan como entretenimiento.

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