La producción porcina creció un 10% y gana terreno en el consumo

El sector porcino volvió a mostrar dinamismo en el inicio del año: la producción creció con fuerza y el cerdo se consolida como una alternativa más accesible frente a la carne vacuna, en un contexto de consumo ajustado y búsqueda de precios cuidados por parte de las familias.

Fuerte avance de la producción y alza de las exportaciones

De acuerdo a datos sectoriales, en enero la producción de carne porcina aumentó cerca de un 10% interanual. El número confirma una tendencia de varios años de crecimiento sostenido, apalancada por inversiones en genética, nutrición y manejo sanitario, y por la búsqueda de los consumidores de proteínas más económicas.

Las exportaciones de carne y subproductos porcinos muestran también un crecimiento sostenido, aunque todavía representan una porción menor del total producido. Para el sector, allí está una de las grandes oportunidades: diversificar destinos, sumar valor agregado y ganar competitividad frente a jugadores tradicionales como Brasil, Estados Unidos y países de la Unión Europea.

El cerdo, alternativa frente a la carne bovina

Con el encarecimiento de los cortes vacunos, la carne de cerdo se afianza como opción más accesible en la mesa argentina. Costillas, bondiola, carré y cortes para milanesas ganan espacio en góndolas y carnicerías, impulsados por campañas de difusión sobre sus propiedades nutritivas y la versatilidad en la cocina.

Según especialistas en consumo, el hábito de incorporar carne porcina se consolidó durante los últimos años, en parte por el avance del corte deshuesado y envasado al vacío, que ofrece mayor comodidad y seguridad alimentaria. Además, las nuevas tecnologías de producción permiten obtener animales con menor contenido de grasa y mejor rendimiento cárnico.

Reclamos del sector: exportaciones y uso de fármacos

Mientras la actividad crece, los productores insisten en la necesidad de liberar plenamente las exportaciones para poder aprovechar la demanda internacional. Plantean que cualquier restricción o cupo genera imprevisibilidad, frena inversiones en infraestructura y complica el acceso a créditos de largo plazo.

Otro punto de debate es la habilitación de determinados fármacos para estimular el crecimiento del ganado porcino, utilizados en otros países bajo protocolos estrictos. Quienes los impulsan sostienen que permitirían mejorar la conversión alimenticia y reducir costos, mientras que entidades sanitarias y de consumidores reclaman controles rigurosos y trazabilidad total.

En paralelo, el sector advierte que se necesitan reglas claras en materia impositiva, tarifas energéticas competitivas y políticas de sanidad animal coordinadas para sostener el ritmo de expansión. La apuesta es consolidar un complejo porcino capaz de generar empleo, divisas y mayor oferta de proteínas para el mercado interno.

Con inversiones privadas en marcha y un horizonte de demanda estable, la cadena porcina se perfila como uno de los motores de la economía agroindustrial en los próximos años. El desafío será compatibilizar crecimiento, bienestar animal y exigencias sanitarias para garantizar un desarrollo sustentable del negocio.

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