Presos estafaron a una joven rosarina y le sacaron $31 millones

Una joven rosarina con discapacidad fue víctima de una millonaria estafa gestada desde la cárcel, donde dos presos aprovecharon su vulnerabilidad emocional y económica para sacarle una suma impactante de dinero.

Según la investigación, los dos hombres detenidos montaron un sofisticado engaño telefónico para acercarse a la víctima, que vive en Rosario y tiene una discapacidad. Uno de ellos se hizo pasar por un pretendiente y mantuvo una relación sentimental simulada, que se extendió durante un tiempo suficiente como para generar confianza.

A través de llamados y mensajes, el interno le fue contando historias personales, problemas urgentes y supuestas oportunidades, hasta convencerla de que comenzara a enviarle dinero. El vínculo fue evolucionando al punto de que la mujer llegó a creer que estaban construyendo un proyecto en común.

En paralelo, otro preso participaba del plan aportando datos bancarios y coordinando las operaciones de cobro, lo que permitió darle apariencia de legalidad a cada movimiento. Así lograron que la víctima hiciera sucesivas transferencias desde sus cuentas.

Cómo operaban y cuánto dinero lograron sacar

Los estafadores se valieron de distintas excusas: emergencias de salud, necesidades familiares urgentes y supuestas inversiones que requerían un aporte inmediato. Bajo esa presión emocional, la joven fue realizando pagos cada vez más altos.

De esta manera llegaron a sustraerle un total de 31 millones de pesos, un monto que representa años de ahorro y esfuerzo. Las transferencias se concretaron de forma escalonada, siempre a cuentas vinculadas a los detenidos o a terceros que funcionaban como intermediarios.

La maniobra se enmarca en un tipo de delito que creció en los últimos años: estafas virtuales y telefónicas que parten desde cárceles, donde internos acceden a teléfonos celulares y contactan a víctimas vulnerables en diferentes puntos del país.

Víctimas vulnerables y advertencias

En este caso, la condición de discapacidad de la joven rosarina fue un factor clave para que los delincuentes pudieran manipularla emocionalmente. Los investigadores remarcan que muchas de estas estafas apuntan a personas que viven solas, adultos mayores o quienes tienen menos herramientas para detectar engaños.

Ante este escenario, especialistas en seguridad recomiendan extremar los cuidados frente a llamadas o mensajes de desconocidos, no compartir datos personales ni bancarios y desconfiar de cualquier solicitud de dinero, incluso cuando se presenta como parte de una relación afectiva.

También subrayan la importancia de que familiares y entornos cercanos acompañen a las personas en situación de vulnerabilidad, conversen sobre estos riesgos y estén atentos a cambios de conducta o movimientos inusuales de dinero.

Las estafas virtuales se han convertido en uno de los delitos más extendidos, y casos como este vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de reforzar los controles en las cárceles, limitar el acceso de los internos a dispositivos y profundizar las campañas de prevención para la ciudadanía.

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