La baja de la pobreza en Argentina muestra señales de agotamiento: economistas advierten que la combinación de inflación, pérdida de ingresos y más desempleo podría frenar la mejora que se vio en los últimos trimestres y encender nuevas alertas sociales.

De acuerdo a proyecciones privadas, la tasa de pobreza habría cerrado el segundo semestre de 2025 en torno al 30,6%. El dato confirma una mejora respecto a los niveles superiores al 40% registrados en los últimos años, sin embargo, los analistas coinciden en que el escenario para lo que viene se volvió mucho más incierto.
En el corto plazo, tres factores empiezan a presionar nuevamente sobre los indicadores sociales: la aceleración de la inflación, la caída del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones y el aumento del desempleo. Esa combinación, alertan, podría revertir parte de la mejora lograda y limitar el impacto de las políticas aplicadas hasta ahora.
El efecto Javier Milei bajo la lupa
Desde el inicio de la gestión de Javier Milei se instaló el debate sobre cuántas personas lograron salir efectivamente de la pobreza. Los cálculos se apoyan en la evolución del índice y en la dinámica del mercado laboral, pero los especialistas remarcan que buena parte de esa mejora se dio en un contexto de fuerte licuación de ingresos y de caída del consumo.
En paralelo, la suba de precios en alimentos, tarifas y alquileres erosionó el alivio que pudieron sentir los hogares beneficiados. Varios informes advierten que, ante un rebote de la inflación o una mayor destrucción de empleo, un segmento importante de la población podría volver rápidamente a la pobreza.
El interrogante central que plantean los economistas es si la mejora observada en los datos de pobreza es sostenible o si se trata de un movimiento coyuntural atado a variables que hoy vuelven a mostrar fragilidad. En ese contexto, crecer con empleo formal y salarios que le ganen a la inflación aparece como condición clave para consolidar cualquier avance.
Desafíos para sostener la leve recuperación social
Los especialistas advierten que, sin una mejora consistente del empleo registrado y de los ingresos reales, será difícil evitar un estancamiento —o incluso un retroceso— en los indicadores sociales. También subrayan la importancia de apuntalar las políticas focalizadas en los sectores más vulnerables, para evitar que la presión inflacionaria deje a más familias por debajo de la línea de pobreza.
En este escenario, el seguimiento de los próximos datos oficiales será clave para determinar si la Argentina consolida una baja en la pobreza o si las “luces amarillas” se transforman en una nueva fase de deterioro social.




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