El terremoto en Kamchatka provocó alerta de tsunami en países del océano Pacífico. Las olas golpearon Rusia y llegaron a Japón, Chile y México.

Un terremoto de magnitud 8,8 sacudió la península de Kamchatka, en el extremo oriental de Rusia, y activó alertas de tsunami en países en las costas del océano Pacífico. Las primeras evaluaciones encendieron temores por su similitud con los sismos de Indonesia (2004) y Japón (2011), aunque los efectos fueron menos destructivos de lo esperado.
Las olas en Japón alcanzaron 1,3 metros y se evacuó a miles de personas, incluso al personal de la planta de Fukushima. En Sévero Kurilsk, Rusia, el agua superó los cuatro metros, inundó parte del muelle y forzó una evacuación masiva.
En América Latina, Chile ordenó una evacuación preventiva de más de un millón de personas. La medida afectó a las regiones costeras, desde Arica y Parinacota hasta Los Lagos. Aunque las olas no superaron los 70 centímetros, algunas zonas permanecen en alerta y se suspendieron las clases.
Más tarde, el gobierno rebajó el nivel de amenaza a “estado de precaución” en varias regiones. Perú, Ecuador, Colombia y México también activaron sus protocolos de emergencia y luego cancelaron los avisos. Aun así, las autoridades recomendaron mantener la vigilancia.
El sismo se originó por el choque entre la placa del Pacífico y la microplaca de Ojotsk, en una de las zonas más activas del Cinturón de Fuego. Su magnitud fue elevada y la profundidad, relativamente baja. Sin embargo, la forma del fondo marino y la configuración costera redujeron el impacto del tsunami.
Las alertas funcionaron con eficacia y permitieron evitar daños mayores. Organismos internacionales y autoridades locales destacaron la coordinación y el uso de sistemas de alerta temprana en la región del Pacífico.



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