El realizador, guionista y director de fotografía Juan Carlos Desanzo, uno de los nombres fundamentales del cine argentino contemporáneo, murió a los 88 años, según confirmaron fuentes del sector audiovisual.

La noticia del fallecimiento fue difundida por la Asociación General de Directores Autores Cinematográficos y Audiovisuales (Dac), que expresó su pesar y destacó el aporte de Desanzo a la industria nacional. El cineasta deja una filmografía atravesada por la mirada política, social e histórica del país.
Nacido en Buenos Aires, Juan Carlos Desanzo se formó como director de fotografía y trabajó en rodajes desde muy joven, lo que le permitió conocer de cerca los distintos oficios del set. Con el paso del tiempo, se consolidó también como director y guionista, combinando la sensibilidad visual con una fuerte preocupación por los temas argentinos.
De la fotografía a la dirección
Su nombre quedó asociado a títulos emblemáticos como “Eva Perón” (1996), una biopic centrada en los últimos años de la vida de Eva Duarte, protagonizada por Esther Goris y Víctor Laplace. La película fue un éxito de taquilla y generó debate por su representación de la líder peronista.
También dirigió “El Polaquito” (2003), un duro retrato de la marginalidad y la violencia urbana que se convirtió en referencia ineludible del cine social argentino de comienzos de siglo. La historia, ambientada en el conurbano bonaerense, puso en primer plano la vida de los pibes de la calle.
Otra de sus obras destacadas es “El amor y el espanto” (2001), centrada en la figura de Jorge Luis Borges, donde mezcló elementos biográficos y ficción para explorar la relación del escritor con el poder y con sus fantasmas personales.
Un cine ligado a la historia argentina
A lo largo de su carrera, Desanzo trabajó con actores y actrices de primer nivel y se mantuvo activo tanto en cine como en televisión. Su filmografía dialoga con momentos clave de la historia política y social argentina, con especial énfasis en el peronismo, la desigualdad y las tensiones de la democracia.
Además de sus títulos más conocidos, participó en numerosos proyectos como director de fotografía, un rol en el que fue muy respetado por su manejo de la luz y su capacidad para construir climas visuales potentes. Muchos realizadores y técnicos lo reconocen como un maestro generoso, dispuesto a transmitir el oficio a las nuevas generaciones.
La Dac y distintas entidades del cine argentino aprovecharon el anuncio de su muerte para subrayar la importancia de sostener políticas públicas que protejan la producción nacional, un frente en el que Desanzo se mostró siempre comprometido, defendiendo la identidad del cine argentino frente a los vaivenes económicos.
Con su partida, el audiovisual argentino pierde a una figura clave de la transición democrática y los años posteriores, pero queda una obra que seguirá siendo revisada por críticos, estudiantes de cine y espectadores interesados en entender, a través de las películas, las luces y sombras del país.
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