Rosario volvió a ganar la calle a 50 años del inicio del terrorismo de Estado, con una movilización masiva que reafirmó el reclamo de memoria, verdad y justicia frente al avance del negacionismo.

En el aniversario del golpe de Estado de 1976, una multitud colmó las calles de Rosario para renovar el compromiso con el Nunca Más. Organismos de derechos humanos, sindicatos, centros de estudiantes, partidos políticos y familias enteras marcharon bajo una consigna común: que el horror de la dictadura no vuelva a repetirse.
La movilización avanzó con banderas, pañuelos y carteles que recordaron a las personas detenidas-desaparecidas durante el terrorismo de Estado. A cada cuadra se multiplicaron los cánticos en defensa de los juicios de lesa humanidad y en rechazo a los discursos que relativizan o niegan los crímenes cometidos por la última dictadura cívico-militar.
Durante la jornada, los diferentes espacios convocantes apuntaron contra el negacionismo y las narrativas que buscan instalar la teoría de los dos demonios. En ese marco, reiteraron que el terrorismo de Estado fue un plan sistemático de persecución, secuestro, tortura, desaparición y apropiación de bebés impulsado desde las más altas esferas del poder.
Las columnas remarcaron la importancia de las políticas de memoria, como los sitios de señalización, los archivos desclasificados y los juicios a los responsables. También subrayaron el rol de las nuevas generaciones, que se suman a las marchas con sus propias banderas, pero sostienen las mismas demandas históricas: memoria, verdad y justicia.
Memoria viva a medio siglo del terrorismo de Estado
A 50 años de aquel golpe, la presencia masiva en las calles de Rosario reafirmó que la memoria sigue viva y que existe un amplio consenso social en torno a la condena a la dictadura. Lejos de quedar confinada a los libros de historia, la fecha se resignifica cada año en clave presente, frente a los desafíos democráticos actuales.
Las organizaciones recordaron que los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles y que los juicios continúan siendo una herramienta central para reconstruir lo ocurrido y sancionar a los responsables. También insistieron en la necesidad de sostener el acompañamiento estatal a las políticas de memoria, tanto en el plano educativo como cultural e institucional.
En cada bandera, en cada fotografía de las personas desaparecidas y en cada cántico se condensó un mensaje que Rosario volvió a repetir a medio siglo del golpe: sin memoria no hay futuro, y sin justicia no hay democracia plena.




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