La aceleración del crédito al consumo sostuvo las compras en 2025, pero encendió una señal de alarma: la morosidad escaló a niveles inéditos desde la convertibilidad y golpea con fuerza a los hogares más endeudados.

Financiamiento que sostuvo el consumo, pero a un alto costo
Tras un 2024 de alta inflación y caída del salario real, el financiamiento se convirtió en una herramienta clave para mantener el nivel de consumo. Tarjetas de crédito, fintech y entidades no financieras ofrecieron líneas rápidas, con menos requisitos y procesos 100% digitales.
Ese impulso permitió que muchos hogares siguieran comprando bienes básicos y pagando servicios, pero dejó un saldo preocupante de endeudamiento. La mora total trepó a máximos no vistos desde la crisis de la convertibilidad, con especial deterioro en los segmentos más vulnerables.
Fintech y tarjetas de consumo: la mora casi triplica a la bancaria
De acuerdo a relevamientos del sector financiero, la morosidad en fintech y emisoras de tarjetas de consumo casi triplica la que muestran los bancos tradicionales. Mientras el sistema bancario mantiene políticas de crédito más conservadoras, estas nuevas formas de financiamiento se expandieron con mayor riesgo.
Los créditos otorgados por apps y comercios suelen tener tasas efectivas muy elevadas y plazos cortos. La facilidad para obtenerlos —en muchos casos sin historial crediticio sólido— derivó en una acumulación de cuotas que una parte importante de los hogares ya no puede afrontar en tiempo y forma.
En paralelo, los bancos exhiben niveles de mora más contenidos gracias a mayores exigencias regulatorias y a una evaluación de riesgo más estricta, aunque también muestran un deterioro respecto de años previos.
Hogares al límite y riesgo sobre el consumo futuro
La combinación de salarios rezagados, inflación alta y suba de cuotas golpea sobre todo a los sectores medios y medios bajos, que recurrieron a estos instrumentos para pagar alquileres, servicios, alimentos y deudas anteriores.
Con cada vez más familias destinando una porción creciente de sus ingresos al pago de deudas, los analistas advierten que el margen para seguir traccionando el consumo vía crédito es limitado. Un empeoramiento del mercado laboral podría derivar en un nuevo salto de la mora.
Para el sistema financiero, el desafío pasa por reordenar el mapa del crédito al consumo, con mayor transparencia en los costos, mejores evaluaciones de riesgo y programas de refinanciación que permitan descomprimir la situación de los hogares más comprometidos.
Mientras tanto, las autoridades económicas siguen de cerca la evolución de los indicadores de morosidad, conscientes de que un deterioro mayor podría impactar no solo en las finanzas de las familias, sino también en la recuperación del consumo y la actividad.
¿Qué pueden hacer los consumidores ante la suba de la mora?
Especialistas en finanzas personales recomiendan priorizar el pago de las deudas más caras, evitar tomar nuevos créditos para cubrir cuotas atrasadas y negociar planes de refinanciación con bancos, fintech o comercios antes de caer en incumplimiento total.
También sugieren revisar con detalle los resúmenes, comparar tasas entre distintas entidades y, en la medida de lo posible, destinar parte de ingresos extraordinarios —como aguinaldos o devoluciones de impuestos— a achicar los saldos más onerosos.




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