Veinte meses después de su desaparición, la bandera de Malvinas que colgaba en la Casa Rosada sigue sin aparecer y alimenta versiones políticas y diplomáticas en el corazón del poder.
El faltante de la bandera de Malvinas en la Casa Rosada se convirtió en un tema incómodo para el oficialismo. Pasado un año y ocho meses, nadie ofrece una respuesta clara sobre qué pasó con el símbolo que recuerda la soberanía argentina sobre las islas.
En los pasillos del poder conviven teorías de descuido, orden administrativo mal ejecutado y hasta gestos políticos deliberados. La Casa Rosada evita profundizar en público, pero el tema reaparece en cada efeméride vinculada al conflicto del Atlántico Sur.
Mientras tanto, el tablero político se mueve. Patricia Bullrich abre sus puertas a un delegado del sector macrista puro, en un intento por reordenar vínculos dentro de Juntos por el Cambio y marcar presencia en el debate de seguridad y defensa.
En el plano diplomático, el yerno de Carlos Zannini asciende peldaños en la carrera exterior y suma peso en las conversaciones sensibles. A la vez, el Gobierno nacional intenta mejorar el tono con la administración de Claudia Sheinbaum en México, a la que desde sectores libertarios tildan de “comunista”.
Entre símbolos extraviados, negociaciones internas y roces ideológicos con otros países, la política argentina confirma que muchas de sus discusiones más intensas se dan, todavía, lejos de los micrófonos.
