A un siglo de su rodaje, Metrópolis sigue sorprendiendo por su visión del futuro y por una historia de rescate fílmico que tiene a la Argentina como protagonista clave.

Un futuro imaginado que llega al presente
Estrenada en 1927 y filmada por el director austríaco-alemán Fritz Lang, Metrópolis se convirtió en una obra fundacional de la ciencia ficción. Su relato de una ciudad dividida entre una élite que vive en las alturas y obreros relegados al subsuelo anticipó debates sobre desigualdad, tecnología y control social que hoy, en este 2026, vuelven a leerse con inquietante actualidad.
La acción transcurre en una megalópolis hiperindustrializada, dominada por máquinas colosales y por una clase dirigente obsesionada con la productividad. En ese escenario aparece el icónico robot humanoide creado por el científico Rotwang, figura que marcaría la estética de androides y cyborgs en el cine posterior, desde Star Wars hasta Blade Runner.
Pero detrás de la deslumbrante puesta en escena, Metrópolis plantea un conflicto ético: cómo tender puentes entre quienes deciden y quienes sostienen con su trabajo el funcionamiento de la ciudad. Esa tensión es la que hoy vuelve a interpelar a cineastas, críticos y público.
El increíble rescate argentino de una obra mutilada
Durante décadas, la película circuló en versiones recortadas. Tras su estreno, varios distribuidores eliminaron escenas para acortar la duración y hacerla, supuestamente, más “comercial”. Muchas secuencias se consideraron perdidas para siempre, hasta que una copia de 16 milímetros apareció en la Argentina.
El hallazgo se produjo en el archivo del Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken, en Buenos Aires, donde se conservaba una versión casi completa que había llegado al país para su exhibición comercial décadas atrás. Ese material fue clave para reconstruir la narración original imaginada por Lang.
El proceso de restauración, coordinado entre especialistas argentinos y la Fundación Friedrich-Wilhelm-Murnau en Alemania, combinó técnicas analógicas y digitales. Se limpiaron fotograma por fotograma, se estabilizó la imagen y se integraron las escenas encontradas localmente con copias de mayor calidad preservadas en Europa.
El resultado permitió que, casi 80 años después del estreno, Metrópolis se reestrenara en el Festival de Berlín en una versión que se acercaba como nunca a la intención original de su director. Ese hecho colocó a la Argentina en el mapa mundial de la preservación fílmica.
Un mensaje humanista que sigue interpelando
En el centro del relato se impone una frase que ya es parte de la historia del cine: “El mediador entre la cabeza y las manos debe ser el corazón“. Para muchos analistas, esa consigna resume el humanismo de la película: la necesidad de articular tecnología, poder y trabajo con una mirada ética.
Con sus símbolos religiosos, sus multitudes obreras y su ciudad monumental, Metrópolis fue leída a lo largo del siglo XX como advertencia frente a los totalitarismos, pero también como crítica a un capitalismo industrial sin límites. Hoy se la revisita además a la luz de la automatización, la inteligencia artificial y la precarización laboral.
Directores como Ridley Scott, Terry Gilliam, George Lucas y Christopher Nolan reconocieron la influencia de Lang en la construcción de ciudades del futuro y en la idea de sociedades estratificadas. Su estética de rascacielos, pasarelas y carteles luminosos sigue siendo un modelo visual para la ciencia ficción contemporánea.
Un siglo después de su rodaje, la película muda que alguna vez se creyó irremediablemente fragmentada se proyecta en salas y plataformas de todo el mundo. Y una parte decisiva de esa recuperación se explica por el rol que jugó la Argentina al resguardar, casi en silencio, los rollos que devolvieron a Metrópolis su forma más cercana a la original.
Por qué verla hoy
Para nuevas generaciones de espectadores, Metrópolis puede ser una puerta de entrada al cine mudo y a la historia del séptimo arte. Sus efectos especiales, logrados con maquetas, espejos y trucos ópticos, muestran hasta dónde llegaba la inventiva técnica en los años 20.
Además, su mirada sobre el futuro invita a comparar aquella ciudad imaginada con las grandes urbes actuales: la verticalización, la vigilancia, las jornadas de trabajo extendidas y la sensación de alienación aparecen como puntos de contacto inquietantes.
Ver hoy Metrópolis es también un recordatorio del valor de las cinematecas y de las políticas de preservación audiovisual. Sin esos esfuerzos, una obra clave del patrimonio cultural del siglo XX se habría perdido para siempre.




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