Lumilagro defiende despidos y apuesta por termos importados

La empresa Lumilagro quedó en el centro de la escena tras comunicar el despido de 170 trabajadores y, casi en simultáneo, anunciar que comenzará a importar termos desde China como parte de una estrategia para sostener precios “competitivos” en un contexto de fuerte caída del consumo.

Un giro de negocio que encendió las críticas

La tradicional marca de termos argentinos explicó que la decisión de desvincular a 170 empleados está vinculada a la necesidad de bajar costos de producción y reconvertir parte de su operación. En ese marco, confirmó que comenzará a abastecerse de termos importados desde China, una movida que despertó cuestionamientos en redes sociales y entre sectores industriales.

Según el mensaje difundido por la firma, la importación le permitiría ofrecer productos a valores que se mantengan accesibles frente a la inflación y a la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores. Sin embargo, el anuncio llegó en paralelo a los despidos, lo que generó un fuerte malestar entre los trabajadores y reavivó el debate sobre el impacto de la apertura comercial en el empleo local.

En las redes, usuarios y referentes del sector industrial señalaron que la decisión de reemplazar producción nacional por mercadería importada supone una pérdida de capacidad instalada y experiencia acumulada en la planta de Lumilagro. Otros apuntaron a que la firma prioriza competir por precio, aun a costa de reducir su plantel de personal en el país.

El argumento empresarial y la reacción social

Desde la compañía insistieron en que la medida responde a un escenario económico complejo, con caída en las ventas y aumento de costos logísticos y de insumos. Bajo ese diagnóstico, afirman que la combinación de producción local con importaciones sería la única forma de sostener la presencia de la marca en góndolas y comercios.

No obstante, el tono del mensaje, percibido como desafiante por buena parte de los usuarios, potenció la polémica. Muchos criticaron que la explicación se centrara en la necesidad de “ser competitivos” sin profundizar en alternativas para preservar los puestos de trabajo ni en eventuales programas de reconversión laboral para los 170 empleados afectados.

La discusión se dio en un contexto de fuerte sensibilidad social frente a los cierres de fábricas, suspensiones y ajustes en distintas ramas de la industria. El caso Lumilagro se transformó rápidamente en ejemplo de las tensiones entre las estrategias empresariales para sobrevivir en un mercado más abierto y la demanda de protección a la producción y el empleo nacional.

Mientras tanto, gremios y organizaciones de trabajadores pusieron el foco en la necesidad de que el Estado siga de cerca estos procesos de reestructuración y evalúe medidas que desincentiven la sustitución de mano de obra argentina por importaciones masivas, para evitar que episodios como este se multipliquen en el corto plazo.

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