El gobierno refuerza la prohibición de la pirotecnia sonora para evitar las graves consecuencias físicas y emocionales que sufren las mascotas.

La histórica tradición de utilizar dispositivos explosivos durante las festividades de fin de año enfrenta actualmente un cambio de paradigma legal y cultural. En la ciudad de Santa Fe, por ejemplo, la Ordenanza 12.429 estableció desde hace ocho años la prohibición absoluta de fabricar, comercializar o utilizar cualquier tipo de cohetería.
La normativa responde a la necesidad de proteger a sectores vulnerables, especialmente a la fauna urbana y los animales de compañía. Los especialistas advierten que los estallidos provocan cuadros de pánico extremo, taquicardia y desorientación en perros, gatos y diversas especies de aves.
Por otro lado, los veterinarios señalan que el sistema auditivo animal posee una sensibilidad muy superior a la capacidad humana. Debido a esto, las detonaciones generan episodios de estrés que pueden derivar en huidas peligrosas o lesiones físicas graves contra ventanales.
Incluso el impacto emocional persistente fomenta el desarrollo de fobias permanentes o enfermedades sistémicas en organismos con patologías previas. No obstante, los expertos desaconsejan el uso de sedantes tradicionales, pues estos anulan el movimiento, pero mantienen la alerta mental del animal.
En cambio, las autoridades sugieren reemplazar la pirotecnia sonora por alternativas lumínicas que no afecten el bienestar ajeno. Para mitigar el impacto negativo, resulta útil acondicionar refugios interiores con música tranquila y evitar dejar a las mascotas solas.
Asimismo, el fomento de la conciencia social busca erradicar una costumbre que compromete la salud pública y la convivencia ciudadana. Así, el cumplimiento de la ley vigente garantiza celebraciones más inclusivas y seguras para todos los habitantes de la región.



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