La vitamina que protege las arterias y mejora la circulación

Un nutriente clave gana relevancia entre cardiólogos y nutricionistas por su capacidad para cuidar el sistema cardiovascular, mejorar la circulación y reducir el riesgo de enfermedades del corazón.

En los últimos años, distintos estudios pusieron el foco en la vitamina K2, un micronutriente asociado a una mejor salud de las arterias. Esta vitamina, menos conocida que la clásica K1, participa en procesos que ayudan a mantener la elasticidad de los vasos sanguíneos y a prevenir la formación de placas.

La vitamina K2 colabora en la activación de proteínas que regulan el depósito de calcio en el organismo. De este modo, favorece que el mineral se dirija al hueso y no se acumule en las paredes arteriales, donde contribuye a la rigidez vascular y a la aparición de aterosclerosis.

Cómo ayuda a las arterias y al flujo sanguíneo

Los trabajos científicos relacionan niveles adecuados de vitamina K2 con un menor daño oxidativo en las arterias y un mejor flujo sanguíneo. Al colaborar en la prevención de la calcificación, los vasos se mantienen más flexibles y pueden dilatarse con mayor facilidad ante las demandas del organismo.

Una circulación más eficiente se asocia con menor presión sobre el corazón y con un riesgo potencialmente más bajo de infarto, accidente cerebrovascular y otras enfermedades cardiovasculares. No se trata de una vitamina milagrosa, pero sí de un factor que suma dentro de un enfoque preventivo integral.

Cardiólogos y especialistas en nutrición advierten que la vitamina K2 no reemplaza a los tratamientos indicados para hipertensión, colesterol alto o diabetes. Su aporte debe entenderse como un complemento de una alimentación equilibrada, actividad física regular, no fumar y controlar el estrés.

En qué alimentos se encuentra la vitamina K2

Una de las particularidades de la K2 es que está presente en alimentos fermentados y productos de origen animal, por lo que su consumo suele ser menor que el de otras vitaminas. Algunas fuentes habituales en la dieta son:

  • Quesos maduros (como gouda o brie).
  • Yema de huevo.
  • Manteca y algunos lácteos grasos.
  • Hígado y otras vísceras.
  • Algunos alimentos fermentados de soja, como el natto.

En Argentina, los quesos duros y semiduros, junto con los huevos, suelen ser las principales fuentes de vitamina K2 en la mesa diaria. Una dieta variada, que incluya estos alimentos con moderación, ayuda a alcanzar aportes razonables sin necesidad de cambios drásticos.

Suplementos: a quiénes pueden servir y qué precauciones tomar

En el mercado local crecieron las ofertas de suplementos que combinan vitamina D3 y K2, pensados para la salud ósea y vascular. Sin embargo, especialistas recomiendan consultar siempre con un médico antes de iniciar su consumo, especialmente en personas que toman medicación.

El principal punto de atención son los pacientes anticoagulados con fármacos como warfarina u otros similares, que actúan sobre la vía de la vitamina K. En estos casos, sumar suplementos sin supervisión puede interferir con el tratamiento y alterar la coagulación.

También es clave evitar la automedicación en personas con antecedentes de enfermedades cardiovasculares, problemas hepáticos o renales, y en embarazadas o en período de lactancia. La dosis y la combinación con otros nutrientes deben definirse de forma personalizada.

Un enfoque integral para cuidar el corazón

Los especialistas insisten en que ninguna vitamina, por sí sola, evita un infarto. La evidencia disponible sugiere que la vitamina K2 puede ser una aliada más dentro de un esquema que priorice alimentación saludable, control del peso, chequeos periódicos y abandono del tabaco.

Incorporar fuentes naturales de K2, moderar el consumo de sal, azúcares y grasas trans, y mantener una vida activa son medidas que apuntan en la misma dirección: proteger las arterias y asegurar un flujo sanguíneo adecuado a lo largo de los años.

Ante dudas sobre la necesidad de suplementar, los especialistas recomiendan realizar una consulta médica y, si corresponde, estudios de laboratorio y evaluación del riesgo cardiovascular. Solo así se puede decidir, con información completa, cuál es la mejor estrategia para cada persona.

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