Gracias al trabajo de su traductora, El Eternauta logró que Malvinas se mantuviera como un símbolo intacto en el inglés y varios idiomas.

La reciente adaptación televisiva de El Eternauta trajo consigo una potente afirmación cultural. La serie no solo recuperó una figura central del imaginario argentino, sino que también reafirmó una memoria compartida: las Malvinas. La traductora Daiana Estefanía Díaz, encargada de la versión en inglés y asesora para otros idiomas, eligió mantener el término “Malvinas Islands” en lugar de “Falklands”, desafiando las convenciones del inglés británico.
Desde el comienzo, Díaz consideró que usar otro nombre hubiera traicionado el corazón de la historia. La decisión no respondió a normas técnicas, sino al respeto por el contexto original y la identidad cultural del personaje Juan Salvo, quien en esta versión aparece como excombatiente de la guerra de 1982. Para la traductora, ningún argentino llamaría a las islas de otro modo. Por eso, optó por defender esa denominación en todos los idiomas.
Su trabajo trascendió la simple traducción. Se convirtió en una guía cultural para casi treinta equipos de subtitulación. Explicó referencias locales como el juego del truco, el servicio militar obligatorio y la frase “número bajo”, entre muchas otras.
Pero la cuestión de las islas resultó la más profunda. Compartió detalles sobre la guerra, el rol del Perú, la nieve de 1982 y el simbolismo de ciertos diálogos. Su objetivo fue mantener la verosimilitud de la historia sin diluir su identidad.
Gracias a su intervención, los subtítulos en japonés, danés o italiano también respetan el nombre Malvinas. El equipo internacional respaldó su propuesta porque entendió que transmitir una obra con autenticidad exige cuidar hasta el más mínimo matiz. Así, la serie conservó una voz nacional firme, sin concesiones ni neutralizaciones, capaz de dialogar con el mundo sin perder su memoria ni su verdad histórica.



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