La morosidad de las familias siguió en alza en febrero y encendió alertas entre analistas y bancos por el deterioro en la capacidad de pago de los hogares argentinos.

De acuerdo con un informe de la consultora 1816, elaborado en base a datos oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la morosidad de las familias alcanzó el 11,2% en febrero. El indicador cuadruplicó los niveles de fines de 2024, lo que muestra un empeoramiento acelerado en la situación financiera de los hogares.
El relevamiento analiza la evolución del crédito en el sistema no financiero y da cuenta de un contexto cada vez más desafiante para quienes toman préstamos, tanto para consumo como para financiar gastos cotidianos.
Crédito no financiero: irregularidad cerca del 30%
El informe señala que la irregularidad del crédito en el sistema no financiero rozó el 30%. Se trata de líneas de financiamiento que no pasan necesariamente por bancos tradicionales, pero que impactan de lleno en la vida diaria de las familias y de las pequeñas empresas.
Este salto en los indicadores de mora refleja que cada vez más hogares tienen dificultades para cumplir en tiempo y forma con sus compromisos, ya sea por atrasos en cuotas de préstamos, tarjetas de crédito u otras formas de financiamiento al consumo.
Los economistas de 1816 subrayan que el deterioro en la capacidad de pago se produce en un entorno marcado por tasas de interés todavía elevadas. Aunque hubo recortes respecto de los máximos de años anteriores, el costo del crédito sigue siendo pesado para los bolsillos familiares.
A esto se suma la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, que viene de la mano de una inflación alta y persistente. En la práctica, los ingresos corren por detrás de los precios y eso fuerza a muchos hogares a endeudarse para sostener gastos corrientes.
El documento también advierte que el crecimiento económico reciente se concentra en sectores con bajo impacto en el empleo. Es decir, hay actividades que mejoran sus números, pero no generan la cantidad de puestos de trabajo suficientes para absorber a quienes quedaron afuera del mercado laboral o se insertan de manera precaria.
Perspectivas y riesgos para los próximos meses
Con este escenario, el informe de 1816 advierte sobre la necesidad de monitorear de cerca la dinámica del endeudamiento. Un empeoramiento adicional de la morosidad podría presionar aún más sobre el sistema financiero y limitar la capacidad de las entidades para ofrecer crédito en condiciones accesibles.
Para los analistas, la corrección de estos desequilibrios depende en buena medida de que se consolide una recuperación del salario real y de que la actividad económica logre expandirse sobre sectores con mayor capacidad para crear empleo formal. Mientras tanto, recomiendan cautela a la hora de tomar deuda y priorizar el ordenamiento de las finanzas personales.
En paralelo, los datos de morosidad funcionan como una señal de alerta temprana para la política económica, porque marcan el límite de la capacidad de ajuste de los hogares ante contextos de inflación y tasas elevadas.




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