La suba de la morosidad de las familias por encima del 10%, con un salto al 13,2% en los préstamos personales, enciende una señal de alerta sobre la capacidad de pago de los hogares y el impacto del ajuste sobre el consumo.

El endeudamiento de los hogares atraviesa un momento crítico. Por primera vez, la morosidad de las familias superó el 10%, impulsada por el deterioro del poder adquisitivo y el encarecimiento del crédito. Dentro de ese universo, los préstamos personales muestran un foco de tensión particular: la irregularidad trepó al 13,2%, señal de que cada vez más personas tienen dificultades para cumplir con las cuotas.
La situación se agrava porque la tasa de interés de los préstamos personales comenzó el año cerca del 70% anual, muy por encima de la inflación esperada en los primeros meses. Este descalce entre el costo financiero y la evolución de los ingresos dejó a muchos hogares atrapados en un esquema de refinanciaciones sucesivas y mayores cargas de intereses.
Para los bancos y entidades financieras, el aumento de la morosidad obliga a reforzar las políticas de evaluación de riesgo y a ajustar las condiciones de acceso al crédito. En paralelo, los analistas advierten que una suba persistente de la cartera irregular puede derivar en una contracción adicional del financiamiento al consumo, con impacto directo en la actividad económica.
Presión sobre los hogares y el consumo
El repunte de la morosidad refleja el desgaste de los ingresos reales de los trabajadores formales e informales. Frente a salarios que corren detrás de los precios y un costo del dinero históricamente elevado, muchas familias recurrieron al crédito para afrontar gastos corrientes, como alquiler, servicios y alimentos, y no únicamente para consumos extraordinarios.
En ese contexto, el crédito deja de ser una herramienta de planificación y se transforma en un mecanismo de emergencia para llegar a fin de mes. El resultado es una carga financiera difícil de sostener, que se traduce en cuotas atrasadas y reestructuraciones de deuda.
Empresas también muestran más irregularidad
El deterioro no se limita a las familias. En el segmento de crédito a empresas también se observa una suba de la irregularidad, en un escenario de caída de ventas, costos en alza y dificultades para acceder a financiamiento a tasas compatibles con sus márgenes.
La combinación de menor actividad y tasas más altas obliga a muchas firmas a reperfilar pasivos, postergar inversiones y ajustar su estructura de gastos. Si la tendencia se profundiza, los especialistas advierten que podría generarse un círculo vicioso: menor crédito, menor producción y más presión sobre el empleo.
Mientras tanto, el sistema financiero monitorea de cerca la evolución de la mora para evitar un deterioro mayor de la cartera. El desafío pasa por encontrar un equilibrio entre proteger la solidez de las entidades y no cerrar del todo la llave del financiamiento, clave para cualquier intento de recuperación económica.




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