Según un estudio del Centro Cultural y de Estudio DEMOS, ocho de cada diez jóvenes de Santa Fe admite haber consumido drogas alguna vez. Los detalles.

Un estudio reciente revela cifras alarmantes sobre el consumo de sustancias psicoactivas entre adolescentes y jóvenes de Santa Fe. Según un relevamiento impulsado por el Centro Cultural y de Estudios DEMOS, el 80% de los encuestados declaró haber probado alguna droga al menos una vez en su vida. Las edades de inicio, en la mayoría de los casos, se ubican entre los trece y los quince años.
El informe se titula “Hablemos de Consumos: un acercamiento a los hábitos y tendencias de los jóvenes santafesinos”. Fue presentado en el marco del Día Mundial de la Salud Mental y busca promover el debate sobre la prevención, la salud emocional y los espacios de acompañamiento integral.
Ocho de cada diez jóvenes en Santa Fe admiten haber consumido drogas alguna vez
De acuerdo al estudio, las sustancias más mencionadas son el tabaco, la marihuana, la cocaína y las drogas sintéticas. No obstante, el alcohol aparece como la puerta de entrada más frecuente durante la adolescencia.
La investigación se basó en un cuestionario anónimo aplicado a 352 personas de entre quince y cuarenta y cinco años de la ciudad de Santa Fe. Buscó reflejar una muestra diversa en género, edad y nivel educativo. Los resultados revelan que el policonsumo temprano -la combinación de distintas sustancias a corta edad- es una tendencia en aumento y que los patrones de uso se modifican con el paso del tiempo. Es decir, mientras en la juventud predomina el consumo recreativo de alcohol y marihuana, en la adultez se registra un creciente uso de psicofármacos.
Para los especialistas, el dato más preocupante no es solo la extensión del consumo, sino la edad de inicio. Muchos jóvenes comienzan a experimentar con sustancias antes de los 15 años, una etapa de alta vulnerabilidad emocional. “El estudio nos permitió conocer no solo los hábitos, sino también los motivos detrás del consumo. Muchos jóvenes asocian las drogas con alivio emocional o con integración social. Por eso, hablar de prevención implica también hablar de salud mental, vínculos y contención“, explicó Soledad Rodríguez, una de las autoras del informe.
La escuela como lugar de contención
De quienes reconocieron haber consumido con frecuencia en algún momento, cuatro de cada diez dijeron haber necesitado algún tipo de ayuda. El primer sostén suele ser el grupo de amigos o la familia, seguido por el acompañamiento profesional y los espacios comunitarios.
El 85% de los jóvenes de entre quince y veintidós años coincidió en que la escuela es el ámbito más seguro para hablar de consumo. Mientras, un 40% manifestó dificultades para abordar el tema con sus familias. En esa línea, el informe resalta la necesidad de fortalecer el rol educativo y comunitario en la prevención. “Las escuelas son un espacio clave para generar diálogo y construir herramientas de cuidado entre pares”, sostienen desde DEMOS.
Salud mental: un desafío urgente
En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, los especialistas remarcan que el consumo problemático no puede abordarse solo desde la lógica de la adicción, sino como parte de un conjunto más amplio de malestares psicosociales.
El aumento del consumo entre jóvenes se vincula con estrés, ansiedad, falta de oportunidades, violencia y desarraigo emocional. Los expertos insisten en que es necesario repensar las estrategias de prevención desde una mirada integral: acompañamiento psicológico, contención familiar y trabajo comunitario sostenido.




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