La actividad industrial volvió a encender las alarmas: las fábricas trabajaron poco más de la mitad de su potencial y consolidaron un cierre de año marcado por la recesión y la caída del consumo interno.

Imagen: Ámbito
El nivel más bajo de utilización en casi dos años
En diciembre, el uso de la capacidad instalada en la industria se hundió al 53,8%, el registro más bajo en 21 meses y uno de los peores cierres de año recientes. Según datos oficiales, solo en marzo de 2023 se vio un nivel similar, cuando el indicador se ubicó en 53,2%.
El dato refleja que casi la mitad de las máquinas y líneas de producción permanecen ociosas. Detrás de ese número se combinan la caída de la demanda interna, el freno de inversiones y la incertidumbre macroeconómica que atraviesa a toda la economía argentina.
Especialistas consultados señalan que la baja de la utilización de planta suele anticipar decisiones empresarias sobre reducción de turnos, suspensiones y menor contratación de personal, con impacto directo en el empleo industrial.
Los sectores más afectados y el impacto en el empleo
Entre los rubros más golpeados aparecen la industria automotriz, metalmecánica y productos vinculados a la construcción. La combinación de altas tasas de interés, menor acceso al crédito y pérdida de poder adquisitivo del salario recorta las ventas de bienes durables.
En el caso de las terminales automotrices, varias plantas alternan días de producción con paradas técnicas, mientras que el sector autopartista trabaja con stocks elevados y dificultades para sostener proveedores locales.
En paralelo, la construcción privada muestra una fuerte contracción en nuevos proyectos. Eso golpea a fabricantes de cemento, ladrillos, acero, aberturas y materiales eléctricos, que dependen en gran parte del mercado interno.
Para los trabajadores, el combo de menor actividad y salarios rezagados frente a la inflación profundiza la sensación de crisis. Sindicatos del sector apuntan que se multiplican los esquemas de suspensiones con pago parcial de haberes y acuerdos para evitar despidos masivos.
Claves para entender el indicador
La capacidad instalada mide qué porcentaje del potencial productivo de una planta está en uso efectivo. Un nivel cercano al 80% suele asociarse a economías en expansión, mientras que registros por debajo del 60% describen un escenario de marcada debilidad de la demanda.
La caída al 53,8% en diciembre se suma a una serie de meses de desaceleración, lo que confirma un cambio de ciclo luego de la recuperación observada tras la pandemia y la reapertura de actividades.
La evolución del indicador en el primer trimestre será clave para evaluar si la industria logra un piso y empieza a rebotar o si la crisis se profundiza y obliga a nuevas medidas oficiales de contención para empresas y trabajadores.



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