La guerra con Irán reactiva el miedo a la estanflación

Los últimos datos de inflación y actividad en las principales potencias encendieron alarmas en los mercados, mientras la escalada bélica con Irán vuelve a poner al precio de la energía en el centro de la escena.

La guerra con Irán reactiva el miedo a la estanflación
La guerra con Irán reactiva el miedo a la estanflación

En las últimas semanas, los indicadores de las grandes economías comenzaron a mostrar una combinación incómoda: inflación que deja de ceder y un enfriamiento de la actividad y del empleo. Esa mezcla revive el fantasma de la estanflación, un escenario temido por los inversores porque conjuga suba de precios con bajo crecimiento.

En Estados Unidos, las cifras más recientes de inflación núcleo se ubicaron por encima de lo previsto por los analistas, al tiempo que algunos datos del mercado laboral sugirieron una creación de puestos más moderada. En Europa, el repunte de los costos energéticos y la desaceleración industrial refuerzan la preocupación.

Para los mercados, esto implica que los bancos centrales podrían verse obligados a mantener tasas de interés elevadas por más tiempo, aun cuando la economía real muestre signos de fatiga. Ese contexto golpea a las acciones, eleva la volatilidad y encarece el financiamiento para países emergentes como la Argentina.

La prolongación de la guerra con Irán agrega una capa extra de incertidumbre. El país persa es un actor clave en Oriente Medio, una región estratégica para el suministro de petróleo y gas. Cada nuevo episodio de tensión militar genera dudas sobre la continuidad de los flujos y el uso de rutas marítimas seguras.

Un corte parcial en la oferta o el simple temor a una interrupción sostenida puede disparar el valor del crudo, trasladando rápidamente esos mayores costos a los combustibles, el transporte y los alimentos. Así, un conflicto geopolítico se traduce en más presión inflacionaria a nivel global, justo cuando las economías intentan moderar los precios.

Los analistas advierten que, si la guerra se intensifica o se extiende a otros países de la región, el impacto sobre el precio del barril podría ser significativo, como ocurrió en crisis previas en Oriente Medio. El recuerdo de los shocks petroleros de los años 70 reaparece como referencia histórica de un escenario estanflacionario profundo.

Para la Argentina, una suba sostenida del petróleo encarece la importación de energía en los meses de mayor demanda y complica el objetivo de contener la inflación. Al mismo tiempo, las tasas altas y la aversión al riesgo global suelen traducirse en menos financiamiento y en presiones cambiarias adicionales.

En el plano financiero, los fondos de inversión tienden a refugiarse en activos considerados seguros, como los bonos del Tesoro estadounidense, lo que golpea a las acciones y bonos de mercados emergentes. Esto limita el ingreso de capitales y obliga a los gobiernos a ofrecer rendimientos más altos para conseguir crédito.

Frente a este cuadro, los economistas remarcan la importancia de reducir vulnerabilidades internas, ordenar las cuentas fiscales y diversificar las fuentes de energía. La capacidad de cada país para mitigar los efectos externos será clave para evitar que el fantasma de la estanflación se vuelva una realidad prolongada.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en los próximos datos de inflación y actividad en Estados Unidos y Europa, así como en las definiciones de los principales bancos centrales. Cada señal sobre posibles recortes o postergaciones en las tasas será leída con lupa por los mercados.

También habrá seguimiento permanente de la evolución del conflicto con Irán y de la reacción del precio del petróleo. Un escenario de moderación en la región podría aliviar las tensiones, mientras que una escalada pondría a prueba nuevamente la resistencia de la economía global.

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