La deuda externa argentina volvió a ganar peso sobre la economía y, hacia el cierre de 2025, pasó a representar casi la mitad de todo lo que el país produce en un año, encendiendo alertas sobre la sustentabilidad del endeudamiento y la vulnerabilidad frente a los vaivenes del dólar.

La deuda ganó peso sobre una economía más chica
De acuerdo a los últimos datos oficiales, la deuda externa representó el 49% del Producto Bruto Interno a fines de 2025. En apenas un año, esa relación trepó alrededor de 10 puntos porcentuales, reflejando una combinación de más deuda en dólares y un retroceso de la economía medida en esa moneda.
El salto no se explica solo por el aumento del stock de deuda nominal. También pesó la caída del PBI expresado en dólares, un efecto directo del recalentamiento del tipo de cambio durante el último trimestre del año pasado, cuando el peso se depreció con fuerza frente a la divisa estadounidense.
En la práctica, aun cuando la economía no se derrumbe en términos reales, una fuerte suba del dólar hace que el tamaño del PBI medido en esa moneda se achique. Como la mayor parte de la deuda está denominada en divisas, la relación deuda/PBI se dispara y la carga de los compromisos se vuelve más pesada.
Impacto del dólar y riesgos para la sostenibilidad
El recalentamiento cambiario de fin de año implicó un salto en la cotización del dólar, lo que encareció la deuda externa en pesos y tensionó los indicadores de solvencia. Con un PBI en dólares más bajo, cada punto de deuda representa una porción mayor del producto.
Economistas advierten que niveles cercanos al 50% del PBI no son alarmantes por sí mismos, pero sí obligan a monitorear con atención el perfil de vencimientos, las tasas de interés y la capacidad del país para generar las divisas necesarias para cumplir con los pagos.
El deterioro del ratio deuda/PBI también condiciona las negociaciones con acreedores y organismos internacionales. Cada episodio de volatilidad cambiaria puede modificar en poco tiempo la foto de la economía, encareciendo el financiamiento y reduciendo el margen de maniobra de la política económica.
En este contexto, especialistas subrayan la necesidad de combinar una trayectoria fiscal más ordenada con una estrategia cambiaria que reduzca la inestabilidad del dólar. Sin estabilidad en el frente cambiario, advierten, cualquier mejora coyuntural en los indicadores de deuda puede desdibujarse en cuestión de meses.
Qué mirar hacia adelante
De cara a los próximos años, el foco estará puesto en:
- La evolución del tipo de cambio y su impacto sobre el PBI en dólares.
- El ritmo de crecimiento de la deuda externa nominal.
- La capacidad de la economía para generar exportaciones y divisas.
- El resultado fiscal y las necesidades de financiamiento del Tesoro.
La combinación de estos factores definirá si el salto de 2025 fue un episodio excepcional o el inicio de una etapa en la que la deuda externa vuelva a ser uno de los principales focos de preocupación de la economía argentina.





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