La canasta del ejecutivo subió 30,5% y llegó a $8,6 millones

La canasta del profesional ejecutivo volvió a encender las alarmas en 2025: el costo anual superó los $8,6 millones y, aunque se desaceleró frente a años previos, economistas advierten que la desinflación podría estar perdiendo fuerza y que el panorama hacia 2026 sigue abierto.

La canasta del ejecutivo subió 30,5% y llegó a $8,6 millones

La Universidad del CEMA (UCEMA) elabora periódicamente un indicador que mide cuánto necesita un ejecutivo para sostener un nivel de vida de clase media alta en grandes centros urbanos. Incluye vivienda, educación, salud, transporte, consumo cotidiano, ocio y servicios.

De acuerdo con el último relevamiento, la canasta del profesional ejecutivo subió 30,5% en 2025 y trepó a unos $8,6 millones anuales. El dato refleja una clara desaceleración si se lo compara con los saltos de precios registrados entre 2022 y 2024, cuando la inflación superó cómodamente el 100% anual. Sin embargo, los especialistas remarcan que esta moderación no implica que el problema esté resuelto. El nivel de gasto sigue siendo elevado y presiona sobre salarios que avanzan por detrás de los precios.

Desaceleración con señales de alerta

El informe de la UCEMA señala que el aumento de la canasta fue menor al de años anteriores. No obstante, advierte sobre un freno en el proceso de desinflación. Algunos rubros clave para los ejecutivos, como alquileres, medicina privada y educación, continúan con alzas por encima del promedio.

En paralelo, los servicios dolarizados y los bienes durables muestran una dinámica más estable, de la mano de un consumo que se mantiene cauteloso y promociones que buscan recomponer ventas.

Para los consultores privados, el panorama hacia 2026 es todavía incierto: la trayectoria del tipo de cambio, la política tarifaria y la evolución de los salarios serán determinantes para saber si el costo de vida de los profesionales logra estabilizarse o vuelve a acelerarse.

Cómo impacta en salarios y empresas

Las empresas siguen de cerca este índice porque sirve como referencia para actualizar su política salarial y diseñar paquetes de beneficios. En muchos casos, los incrementos se combinan con bonos, trabajo remoto y flexibilidad horaria para retener talento sin trasladar todo el ajuste al salario básico.

Para los ejecutivos, el aumento de la canasta implica revisar prioridades: algunos optan por renegociar alquileres, buscar colegios más accesibles o recortar gastos en ocio y turismo. El objetivo es no descuidar el ahorro en un contexto en el que el horizonte económico todavía no termina de despejarse.

Los analistas coinciden en que, si la inflación no vuelve a dispararse, la clave estará en una recuperación gradual del poder adquisitivo. Pero admiten que, frente a tanta volatilidad reciente, nadie se anima todavía a dar por cerrado el capítulo de la crisis de ingresos.

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