La irrupción de nuevas tecnologías, reformas laborales en debate y un mercado cada vez más inestable reabren una pregunta clave: qué tipo de trabajo espera a las juventudes argentinas en los próximos años.

Desempleo en alza y empleos cada vez más inestables
En Argentina, los últimos informes oficiales y privados marcan un escenario complejo: el desempleo juvenil duplica al promedio general y crece la cantidad de chicas y chicos que encadenan trabajos temporarios, por pocas horas y sin derechos básicos. La combinación de recesión, inflación alta y cambios en la legislación laboral golpea con más fuerza a quienes están dando sus primeros pasos en el mercado.
La llamada “economía de plataformas” se volvió la puerta de entrada al trabajo para miles de jóvenes, pero también el símbolo de una nueva precarización. Repartidores en bicicleta, choferes de apps y tareas de delivery concentran jornadas largas, ingresos variables y casi nula protección social. La promesa de flexibilidad choca con la realidad de la inestabilidad.
Impacto de las transformaciones tecnológicas y financieras
La automatización, la inteligencia artificial y la digitalización acelerada están modificando oficios y profesiones. Muchos puestos tradicionales se reducen o desaparecen, mientras que surgen empleos ligados a programación, datos y economía del conocimiento. El problema es que no todos los jóvenes acceden a la formación necesaria para ocupar esos nuevos lugares.
Al mismo tiempo, la financiarización de la economía y la inestabilidad cambiaria empujan a una parte de la pibada a buscar ingresos en criptomonedas, trading o inversiones de alto riesgo. Sin regulaciones claras ni educación financiera suficiente, el resultado suele ser endeudamiento y frustración, más que una salida sostenida al empleo formal.
Leyes laborales en discusión y derechos en tensión
Los proyectos de reforma laboral que circulan en el Congreso y en distintos gobiernos apuntan, en general, a bajar costos para las empresas y facilitar contrataciones más flexibles. Para especialistas en trabajo y para buena parte del movimiento sindical, esto abre el interrogante sobre el futuro de derechos conquistados: indemnizaciones, vacaciones pagas, licencias y aportes jubilatorios, entre otros.
Las juventudes aparecen en el centro de esa tensión. Por un lado, necesitan ingresar rápido al mercado para garantizar un ingreso propio. Por otro, se enfrentan al riesgo de naturalizar la precariedad como única opción. Sin políticas públicas activas, el primer empleo puede convertirse en sinónimo de informalidad crónica.
¿Qué políticas podrían cambiar el horizonte laboral?
Especialistas en empleo juvenil coinciden en que son clave tres líneas de acción: formación de calidad, incentivos al empleo registrado y protección social compatible con trayectorias laborales intermitentes. Programas de capacitación tecnológica gratuita, prácticas formativas en empresas con supervisión estatal y créditos blandos para emprendimientos jóvenes son algunas de las herramientas que se discuten.
También hay consenso en fortalecer la educación secundaria y técnica, para que los egresados no salgan al mercado con desventaja. La articulación entre escuelas, universidades, sindicatos y empresas aparece como condición imprescindible para evitar que una generación entera quede atrapada entre el desempleo y la precarización.
El desafío no es solo crear más puestos de trabajo, sino garantizar que sean dignos, estables y con derechos para las nuevas generaciones.



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