El juicio a la banda de Camino comenzó en Rosario con un fuerte despliegue judicial y de seguridad. Se trata de un proceso clave, con varios acusados que enfrentan duras penas por homicidios y ataques armados vinculados a disputas criminales en la ciudad.
En el banquillo se sienta Pablo Nicolás Camino junto a otros cinco imputados. La acusación les atribuye una serie de homicidios y balaceras cometidas en distintos puntos de Rosario, con pedidos de prisión perpetua para la mayoría de ellos.
Entre los hechos más graves que se analizan figura el asesinato al voleo de Lorenzo “Jimi” Altamirano, ejecutado frente a la cancha de Newell’s. Ese crimen, que conmocionó a la ciudad, aparece como un mensaje mafioso en medio de la escalada de violencia.
La Fiscalía sostiene que la banda de Camino actuó de manera organizada, con roles definidos y uso sistemático de armas de fuego para disputar territorio y enviar amenazas. De comprobarse, el tribunal podría imponer penas máximas por los homicidios y los ataques armados investigados.
El inicio del debate oral concentra la atención en los tribunales rosarinos, donde testigos, peritos y familiares de las víctimas esperan que el proceso arroje responsabilidades claras sobre una seguidilla de hechos que marcaron a fuego la agenda de policiales de los últimos años.
Un caso testigo para la Justicia rosarina
El juicio a la banda de Camino se perfila como un caso testigo para la Justicia provincial, que busca dar una señal frente a las organizaciones criminales que operan en Rosario. El fallo será seguido de cerca por el ámbito político y social, atento al impacto que pueda tener en futuras investigaciones.