Este martes, el intendente Pablo Javkin celebró el tricentenario de la ciudad de Rosario y presentó la ordenanza de autonomía municipal.

El intendente Pablo Javkin encabezó este martes el acto por el Tricentenario de Rosario en el Monumento a la Bandera.
En su discurso, el intendente recordó las raíces de la ciudad, destacó el crecimiento de la misma y las veces que cayó y salió adelante, “en este tricentenario celebramos juntos a la ciudad que nunca se rindió, la que se levantó una y otra vez, la que lo hará de nuevo todas las veces que haga falta”.
En la ocasión destacó la mejor que hubo en la seguridad y lo que se logró en un año y medio. “Resiliencia es una palabra que sintetiza estos 300 años, y en especial, los últimos. Nunca nos vamos a olvidar del tiempo más oscuro y doloroso que vivimos, cuando nos vimos cara a cara con las mafias violentas que estuvieron a milímetros de quedarse con Rosario. Y cuando la daban por perdida, cuando nos querían hacer creer que no quedaba más que resignarse, fue que dimos la batalla definitiva”, indicó.
Los inicios de Rosario
En la ocasión recordó que “hace trescientos años, los pies cansados de unos pocos peregrinos se detuvieron sobre ese barro. En medio del lodo echaron raíces, con una convicción clara: la de transformarlo en una tierra noble. Los sostenía el sueño de haber encontrado el lugar donde quedarse para siempre. Por algo era que habían llegado ahí”, expresó el mandatario, señaló que, con las primeras chozas levantadas, “ese caserío casi no tenía ni nombre, pero ya tenía alma”, y agregó: “Con cada brazo que cargaba barro, con cada vecino que compartía el pan y el esfuerzo, se iba forjando algo más grande que una aldea. De esa tenacidad, de esa fuerza para pelear contra todo, nació el Pago de los Arroyos”.
En este punto, enumeró distintos momentos que fueron configurando a la futura ciudad: un primer alcalde, don Francisco de Frías; la primera capilla con la imagen de una virgen protectora… “No había un destino escrito, nadie les había trazado un camino, pero con espíritu tozudo y fe en la tierra que pisaban, se animaron a inventarlo. Y confiaron, contra toda lógica, en que la pobre villa nacida junto al río, algún día, podría serlo todo”, manifestó.
También remarcó que no hubo acta ni fundador. “No estábamos en los planes de nadie. Nos hicimos de puro esperanzados, decididos a levantar una ciudad sostenida por su propia gente”, afirmó y enfatizó: “Ese gen de rebeldía nos llevaría a enarbolar bandera contra la negativa de Buenos Aires, con la que fuimos a la Guerra de la Independencia, la que cobija a millones de almas bajo un mismo manto sagrado, el símbolo más profundo de nuestra identidad, legado de Belgrano”.

A continuación, fue revisando las etapas que se fueron sucediendo a “la porfía de esos primeros pobladores”: el nacimiento del comercio y el intercambio, el primer muelle “del que partieron barcos cargados de granos e ilusiones”, la llegada de mujeres y hombres “dispuestas a arremangarse y a trabajar de sol a sol”, en tanto subrayó: “Y así, con la osadía de emprender, empezamos a sentir el latido de una ciudad nueva, cosmopolita, abierta y diversa. Y fue así que, cuando nadie se lo esperaba, un nombre empezó a sonar fuerte, a abrirse paso en la historia grande de la Nación. Un nombre simbólico y hermoso: Rosario”.
“Cuando nos negaron la posibilidad de ser la capital de la Argentina, nos hicieron un favor, porque sin darse cuenta nos dieron ese derecho a decir: no importa, vamos a ser grandes igual, lo vamos a hacer solos, lo vamos a hacer contra todos si es necesario. Ningún egoísmo de los que temieron perder su poder pudo impedir jamás que Rosario siguiera creciendo”, aseveró Javkin, y prosiguió con su repaso histórico: “Entonces pasamos de comerciar con carretas a ser el corazón de la riqueza nacional. En la que ya era una urbe próspera rugieron los talleres ferroviarios, crecieron las fábricas y se entrelazaron campo y ciudad. Nos volvimos la puerta de la república al mundo, el corazón productivo de este país bendito, la ciudad orgullosa del interior que desde que nació defendió, empujó y se la jugó por el destino de la Argentina entera”.
A su vez, se refirió a “los brotes de semillas que habían germinado en silencio: la del cuidado, la del saber, la del arte, las que harían florecer el alma de esta ciudad maravillosa”, y mencionó: “Se levantaron hospitales que son orgullo, construimos la universidad que iluminó a toda una región con su educación de vanguardia y calidad. Nos hicimos capital de la cultura con música, letras y pasiones eternas. Y por si algo faltaba, parimos campeones, héroes eternos que le dieron alegría al corazón de millones de argentinos. Eso también se lo deben a Rosario”.
Ya de regreso al presente, Javkin destacó el estar celebrando los 300 años de vida de la ciudad, “una ciudad que nunca se rindió, la que se levantó una y otra vez, la que lo hará de nuevo todas las veces que haga falta”, pero recordó que no se trata solo de una fiesta: “Lo más importante es el legado que le deja a la ciudad. Las plazas y parques llenos de gente, la costanera más linda de la Argentina, nuestro casco histórico renovado, la Escuela de Tecnología más importante del país, el pavimento en los barrios que más lo necesitaban”, expuso, y afirmó: “Las obras del Tricentenario son la entrada definitiva a la ciudad recuperada, al orgullo, al futuro”.
En este punto, el titular del Ejecutivo local anunció que, al finalizar su discurso, formalizaría la entrega a la presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck, del proyecto de ordenanza para la autonomía institucional, política, económica y financiera de Rosario. “Esto no es solo un papel. Son 104 años de insistencia en el reclamo. Es la ratificación inmediata y plena del derecho a la autonomía que consagró la nueva Constitución Provincial. Será también, legado de nuestro tricentenario”, enfatizó Javkin, y aseveró: “Los pies cansados de aquellos peregrinos son nuestros pilares. Sus sueños, nuestras certezas. Trescientos años después, nos miramos a los ojos con orgullo, porque esta ciudad, nacida del esfuerzo y la valentía, está otra vez de pie y preparada para vivir la grandeza de su futuro”.
“Digámoslo con la frente bien alta: volvió Rosario, el Pago está de vuelta, está más altivo que nunca, listo para ser la capital del interior argentino, el que trabaja sin desmayo, el que siempre le va a dar destino a la Argentina”, concluyó, no sin antes desear un feliz día a la “ciudad de nuestras vidas, la de la gente buena, la del nombre más bonito del mundo. Bienvenida de nuevo a la vida, a la alegría, a la esperanza”.




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