Por primera vez en medio milenio, la Iglesia de Inglaterra se prepara para un cambio histórico en su conducción: una mujer asumirá el mando espiritual y pastoral del anglicanismo desde Canterbury.

Sarah Mullally, de 63 años, fue seleccionada para convertirse en la primera mujer en ocupar el cargo de arzobispo de Canterbury, máxima autoridad de la Iglesia de Inglaterra y figura de referencia para la Comunión Anglicana mundial. El anuncio marca un giro simbólico profundo en una institución que, durante siglos, reservó sus puestos más altos exclusivamente a varones.
Antes de ordenarse como clériga, la mujer desarrolló una extensa trayectoria como enfermera oncológica en el sistema de salud británico, experiencia que más tarde llevó al ámbito pastoral. Su perfil combina gestión, cercanía con pacientes y trabajo comunitario, rasgos que ahora la Iglesia busca fortalecer en tiempos de desafíos internos y externos.
Un cambio que se gestó durante décadas
El nombramiento de Mullally se inscribe en un proceso de apertura gradual. La Iglesia de Inglaterra recién comenzó a ordenar a sus primeras mujeres sacerdotes en 1994, tras intensos debates teológicos y políticos. Recién en 2015 consagró a su primera obispa, lo que abrió la puerta a que las mujeres pudieran aspirar a los cargos más altos de la jerarquía.
Desde entonces, la presencia femenina en los espacios de decisión fue creciendo, aunque con resistencias en sectores más conservadores. La llegada de una mujer a Canterbury, un rol con más de 500 años de historia masculina, es leída como la consolidación de ese cambio y una señal hacia otras iglesias anglicanas del mundo.
El rol del arzobispo de Canterbury y reacciones
El arzobispo de Canterbury es considerado el primus inter pares (primero entre iguales) dentro de la Comunión Anglicana, que agrupa a unas 85 millones de personas en más de 165 países. Entre sus funciones centrales se encuentran:
- Presidir ceremonias nacionales clave en el Reino Unido
- Actuar como referente espiritual y político de la Iglesia de Inglaterra
- Coordinar encuentros internacionales de líderes anglicanos
- Intervenir en debates públicos sobre ética, derechos humanos y justicia social
Que una mujer asuma este puesto implica que será también una de las voces religiosas más influyentes de Europa, con llegada tanto a gobiernos como a organizaciones sociales y otras confesiones cristianas.
El nombramiento generó reacciones diversas dentro del mundo anglicano. Amplios sectores celebran la designación como un paso coherente con las discusiones sobre igualdad de género y actualización institucional. Para ellos, la trayectoria profesional y pastoral de Mullally la posiciona como un perfil capaz de tender puentes en una época de polarización.
Otros grupos, en cambio, mantienen reservas teológicas sobre el liderazgo femenino en la Iglesia. Allí se concentra uno de los grandes desafíos de la futura arzobispa: sostener la unidad de la Comunión Anglicana, que en los últimos años ha enfrentado tensiones internas por temas como el matrimonio igualitario, la ordenación de mujeres y la diversidad sexual.
Mientras tanto, la Iglesia de Inglaterra enfrenta el descenso de asistencia a cultos, el envejecimiento de sus fieles y la competencia de expresiones religiosas más flexibles. En ese marco, la figura de Mullally podría aportar una agenda enfocada en la inclusión, la salud mental, el acompañamiento comunitario y la defensa de los sectores más vulnerables.
Con este nombramiento, la Iglesia anglicana envía un mensaje hacia dentro y hacia afuera: reconoce la tarea de miles de mujeres que sostienen la vida cotidiana de las parroquias y se anima a que una de ellas ocupe, por primera vez en 500 años, el lugar más visible de su estructura.




Comentarios