Mientras la escuela de San Cristóbal retoma hoy sus clases tras el ataque que terminó con la muerte de Ian Cabrera, el ministro de Educación José Goity planteó que la discusión de fondo pasa por reducir al máximo la presencia de armas en manos de civiles.

El ministro de Educación de Santa Fe, José Goity, habló de la conmoción que atraviesa San Cristóbal luego del ataque en la escuela donde murió el estudiante Ian Cabrera. Mientras la comunidad educativa intenta volver a cierta normalidad con la reapertura del establecimiento este lunes, el funcionario afirmó que “la mejor prevención es desarmar a la sociedad”.
Goity subrayó que en Argentina no se registran con frecuencia masacres escolares como las que sacuden periódicamente a Estados Unidos, y vinculó esa diferencia con el menor acceso que tienen los adolescentes a armamento de alto poder de fuego. Según remarcó, los chicos en el país “no tienen acceso a armas sofisticadas o automáticas”, lo que reduce, aunque no elimina, la posibilidad de episodios con un saldo aún más trágico.
El ministro insistió en que cualquier política de cuidado de la comunidad educativa debe incorporar una mirada integral sobre el problema de las armas, en particular en los entornos familiares y barriales de los estudiantes. En ese sentido, consideró que limitar la circulación de armamento en la sociedad civil es una condición básica para evitar hechos extremos dentro y fuera de las escuelas.
Protocolos escolares y uso del celular en el aula
Goity reveló además un dato que añade dramatismo a lo ocurrido: el mismo día del ataque en San Cristóbal estaba previsto comenzar a aplicar un nuevo protocolo para regular el uso de teléfonos celulares en el establecimiento. La medida buscaba ordenar la presencia de dispositivos en el aula y reducir situaciones de distracción o conflicto entre alumnos.
El ministro explicó que la intención de la cartera educativa es avanzar en lineamientos claros sobre la tecnología en las escuelas, en un contexto donde el celular se volvió parte de la vida cotidiana de chicos y chicas. Aunque no brindó detalles extensos sobre el contenido del protocolo, sí remarcó que su implementación estaba en agenda y que la tragedia obliga ahora a revisar y reforzar todas las herramientas de prevención.
Para Goity, el desafío combina la dimensión pedagógica con la seguridad. Por un lado, ordenar el uso de celulares para que no interfieran con el proceso de enseñanza. Por otro lado, trabajar sobre las alertas tempranas en los vínculos entre estudiantes, la detección de conflictos y la articulación con equipos de orientación escolar y otras áreas del Estado.
El rol clave del asistente escolar Fabio
En medio del dolor por la muerte de Ian Cabrera, la figura de Fabio, el asistente escolar que actuó en pleno episodio, emergió como un ejemplo de compromiso y templanza. De acuerdo con los primeros testimonios, su intervención fue determinante para evitar una tragedia aún mayor dentro del edificio escolar.
El propio ministro destacó su accionar y lo ubicó como una muestra del trabajo silencioso que realizan diariamente los auxiliares y asistentes en las instituciones educativas. Aunque la investigación judicial deberá reconstruir minuto a minuto lo ocurrido, en la comunidad ya se reconoce que la reacción de Fabio permitió contener la situación en un contexto de altísima tensión y miedo.
En paralelo, las autoridades de Educación y de Seguridad continúan trabajando con la escuela, estudiantes y familias para dar contención psicológica y acompañar el duelo. La reapertura del establecimiento, remarcan, no implica pasar página, sino reconstruir la vida escolar con nuevas herramientas y un debate más profundo sobre cómo cuidar a niños, niñas y adolescentes.
Para Goity, ese camino exige combinar políticas de convivencia, protocolos claros y, sobre todo, una discusión social más amplia sobre la presencia de armas. “Desarmar a la sociedad”, insistió, es la mejor manera de que tragedias como la de San Cristóbal no vuelvan a repetirse.




Comentarios