El Gobierno nacional decidió poner un freno a la nueva metodología de medición de la inflación que estaba preparando el INDEC, en medio de una fuerte discusión interna sobre cómo reflejar la suba de precios en la economía argentina.

El ministro de Economía Luis Caputo aseguró que la inflación de enero se ubicará en torno al 2,5%. Sin embargo, aclaró que ese número surge de la “vieja medición” del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), lo que abrió interrogantes sobre los cambios que se estaban preparando para el índice oficial.
Según fuentes oficiales, el organismo estadístico trabajaba en una actualización de la canasta y de los ponderadores que se utilizan para calcular el Índice de Precios al Consumidor (IPC). El objetivo declarado era ajustar la medición a los nuevos hábitos de consumo, pero el avance de la reforma quedó en pausa tras las objeciones del Palacio de Hacienda.
En la práctica, esto significa que, al menos por ahora, se seguirá utilizando el esquema previo de cálculo. La discusión se da en un contexto de fuerte caída del poder adquisitivo y de tensión política por el impacto social del ajuste fiscal y monetario.
Qué implica frenar la nueva metodología del INDEC
Modificar la forma en que se mide la inflación no es un cambio menor. La metodología define qué productos se relevan, cuánto pesa cada rubro en el índice y cómo se procesan los datos. Un ajuste en esos parámetros puede alterar el resultado final y también la comparación histórica con períodos anteriores.
Por eso, distintos economistas remarcan que cualquier reforma debe ser gradual, transparente y consensuada con el sistema estadístico y la comunidad académica. De lo contrario, se corre el riesgo de que crezca la desconfianza sobre las cifras oficiales, un problema que la Argentina ya atravesó en el pasado reciente.
Para el Gobierno, mostrar una inflación en baja es clave para sostener el programa económico y negociar acuerdos con los sectores productivos. Pero los analistas advierten que la credibilidad de los datos es tan importante como el número mismo: si los índices pierden confianza, el mercado toma como referencia mediciones privadas.
Impacto político y económico del dato de enero
La proyección de un 2,5% de inflación, aun con la metodología previa, contrasta con los niveles de dos dígitos mensuales que se registraban meses atrás. De confirmarse, sería una señal fuerte para el discurso oficial, que busca mostrar una desaceleración sostenida de los precios.
No obstante, sindicatos, cámaras empresarias y consultoras privadas remarcan que la caída de la inflación convive con una profunda recesión y con salarios que aún no logran recomponer la pérdida sufrida en los últimos años. En ese escenario, cada cambio metodológico del INDEC se sigue de cerca porque puede modificar cláusulas de actualización salarial, tarifas y contratos.
En paralelo, la oposición en el Congreso ya anticipó que pedirá informes formales sobre las eventuales reformas en el índice de precios. El debate promete trasladarse al plano político, donde el oficialismo intentará mostrar que no hay manipulación, sino una búsqueda de mayor precisión estadística.



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